David Trads: La corrupción pública es una enemiga del progreso

Por David Trads

COPENHAGUE: Déjenme empezar con un incidente muy típico de Dinamarca, el país menos corrupto del mundo: El otro día, Jakob Scharf, la cabeza del servicio danés de inteligencia y seguridad (como el FBI en Estados Unidos) renunció luego de semanas de prensa negativa. Algunos altos directivos y empleados ordinarios se quejaban de su estilo de liderazgo ‘fuerte’. Lo hicieron a través de documentos públicos, así que los periodistas pudieron obtenerlos gracias a las Ley de Registros Públicos. La presión de la sociedad –basada en las quejas– causó la dimisión del funcionario.

Cuento esta historia porque creo que sólo sucede en un selecto grupo de naciones muy transparentes. En la vasta mayoría del mundo, este tipo de información nunca se habría hecho pública. La burocracia habría detenido su publicación y los periodistas ni habrían intentado solicitar los documentos de una oficina pública pues sabrían que nunca se los darían.

En Dinamarca pasa todo el tiempo, y esa es la razón por la cual este pequeño país nórdico acaba de ser escogido como el menos corrupto, al lado de Nueva Zelandia, en una encuesta anual publicada por Transparencia Internacional. Finlandia, Suecia y Noruega están justo detrás de los daneses. El acceso público –la mayoría de las veces realizado por la prensa libre– a la información de los ministerios y otras oficinas gubernamentales o municipales es muy amplio en estas naciones. Esto ayuda a construir una confianza de la población en el gobierno y, de paso, permite que estos territorios, al ser tan poco corruptos, sean más ricos y puedan tener un mayor crecimiento, progreso y equidad.

Ahora, miremos la situación de América Latina. Generalmente no es muy buena. Chile y Uruguay están haciendo las cosas bien, pues están entre los 25 países menos corruptos del mundo, mientras que grandes naciones como Brasil, Perú, Colombia y México están en el fondo de la mitad de la tabla, según el Índice de Percepción de la Corrupción. No es sorprendente que los países ricos tengan poca corrupción, pero especialmente Brasil y México hace que los corruptos pasen de ricos a hacerse aún más adinerados debido a que les dan acceso a contratos públicos.
Huguette Labelle, presidenta de Transparencia Internacional, enfatiza en este punto cuando publicó el nuevo reporte: “El índice demuestra que todos los países siguen encarando la amenaza de la corrupción en todos los niveles de su gobierno, desde la expedición de permisos locales hasta la aplicación de leyes y regulaciones”. Y agrega: “Los ejecutantes superiores revelan claramente cómo la transparencia apoya la rendición de cuentas y puede detener la corrupción”. 

La corrupción en la arena pública es claramente una enemiga del progreso. Hay casi una línea directa entre el bienestar económico y una pequeña porción de este flagelo. Entre menos se esconda un gobierno de lo público, entre menos contratos para trabajos públicos sean secretos, hay mayores oportunidades de crecimiento económico. Incluso hay más: los ciudadanos de países con menos corrupción también tienen menos inequidad y son más felices que aquellos a los que los invade esta problemática.

Un ejemplo: en el Reporte de la Felicidad Mundial (conducido por las Naciones Unidas) los cinco países que aparecen como los menos corruptos en el índice de Transparencia Internacional aparecen en el top 10 de las personas más felices. Las cosas que definen la ‘felicidad’ en la encuesta son: distribución de la riqueza, alta expectativa de vida, sensación de apoyo social, libertad para tomar decisiones de vida, una cultura de generosidad y, asimismo, falta de corrupción en el liderazgo.

Por cierto, Dinamarca es el país menos corrupto y el más feliz… creo que tengo que revelar que soy orgullosamente danés… por eso le hice seguimiento a las noticias sobre el jefe de inteligencia que tuvo que renunciar. Me recordó lo afortunado que soy al ser de un país tan libre y justo. Desearía que todos pudieran vivir la misma experiencia.

 
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