Columna de Juan Manuel Astorga: "Se desgrana el choclo"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

En no pocos países, el sistema político obliga a un parlamentario a renunciar a su puesto en el Congreso si éste es expulsado del partido al que pertenecía al momento de ser electo. Lo mismo pasa si el propio legislador toma la decisión de dejar su tienda política. No será sin embargo el caso del senador Antonio Horvath, quien dimitió ayer como militante de Renovación Nacional. En Chile la ley no lo obliga a dejar su escaño en el parlamento.   

En las sociedades donde el mecanismo sí existe, el congresista debe abandonar el puesto y el cupo es llenado mediante una nueva elección. Generalmente el mismo senador o diputado se presenta y es en ese momento donde se determina, según el resultado, si los electores habían votado por él o más bien por el partido al que pertenecía. Como nuestra legislación no contempla este mecanismo (porque tendría que ser aprobado por los propios parlamentarios y no les conviene), Horvath seguirá siendo senador. 

El tema es complejo y éticamente muy cuestionable. Con un sistema binominal como el nuestro, es mucho más fácil ser electo si se está bajo el alero de un partido, que presentarse como independiente. En el primer caso, se puede tener compañero de lista, lo que ayuda a sumar votos en un sistema donde ganan los dos más votados de las dos listas más votadas. Si en cambio el candidato es independiente, no puede contar con un compañero en la misma nómina, lo que le dificulta sumar votos para que su lista sea una de las dos más votadas. Con esa explicación, bien podría pensarse que Horvath se favoreció de Renovación Nacional hace cuatro años, cuando fue electo, y ahora ya no lo necesita. 

Es cierto que el parlamentario por Aysén sostiene hace mucho tiempo profundas diferencias con su partido pero, por lo mismo, es justo preguntarse entonces por qué se mantuvo tanto tiempo como militante y por qué utilizó la plataforma de RN para ser electo y no se lanzó antes a la aventura de ser independiente.

Para Renovación Nacional, el golpe es duro. Quedó con la menor cantidad de senadores desde 1990. Pero su problema no es meramente numérico. A la partida de Horvath se anunció ayer la de la ex diputada Carmen Ibáñez, debido a que no encontró espacio, y la de Hernán Larraín Matte, una de las jóvenes promesas de la colectividad. Este último se inclinó por el movimiento Evolución Política, Evópoli, porque consideró que es más afín a su corriente de pensamiento. A diferencia de estos dos últimos, el senador Horvath se podría convertir en un dolor de cabeza mayúsculo para la Alianza por Chile, porque el legislador anunció ayer que formará un movimiento regionalista con el también senador independiente, Carlos Bianchi. Ambos votos serán muy cotizados cuando empiece la batalla legislativa ante la batería de alegóricos proyectos que la electa Presidenta Michelle Bachelet enviará al Congreso y que la derecha podría no querer aprobar. 

Las renuncias de ayer en RN son también sintomáticas de problemas subterráneos de larga data. En el partido conviven dos almas muy distintas y distantes que  amenazan con desangrarlo. A Renovación pertenecía el Presidente Sebastián Piñera. El Mandatario renunció a su militancia cuando asumió la jefatura del Estado y ya anunció que no volverá a la colectividad.

Fueron miembros de esta misma tienda los que le hicieron la vida a cuadritos al entonces ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, otro militante RN. Y es en este mismo partido donde se dio la inédita situación en la que una diputada como Karla Rubilar se negó a apoyar al candidato de su propia colectividad, Andrés Allamand, y prefirió entregar su respaldo a quien era su contrincante en ese momento, Laurence Golborne. Emblemáticos senadores electos como el propio Allamand y Manuel José Ossandón desoyeron las peticiones de su partido para hacer campaña a favor de Evelyn Matthei. Y Horvath prefirió ser jefe programático del candidato presidencial independiente, Franco Parisi, que jugársela por la ex ministra del Trabajo. El mismo Horvath, antes de la segunda vuelta, incluso dijo que tenía mayor convergencia con Bachelet que con Matthei. Así de desordenadas y dispersas están las cosas. 

Los problemas al interior del partido de Carlos Larraín, trazan la huella de la crisis por la que atraviesa la Alianza por Chile, que no supo cómo renovar en las urnas el mandato para que este sector siguiera siendo gobierno. Volverán a la oposición y seguramente más divididos de lo que ya lo estaban. 

La misma tarde del domingo en segunda vuelta y en un gesto político sin precedentes, Evelyn Matthei asumió la exclusiva responsabilidad política por su derrota. Su mensaje era muy claro: evitar que el sector se desangrara en peleas internas, culpándose mutuamente entre la UDI y RN por el fracaso electoral. Pero tiene mucha razón el padre de la candidata, el ex comandante en jefe de la FACH, Fernando Matthei, cuando dijo que su hija perdió porque su propio sector la dejó sola. En la UDI han evitado ventilar públicamente las discrepancias que puedan respirarse puertas adentro por este fracaso. Pero en Renovación Nacional ya empezó a desgranarse el choclo. 

 
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