Columna vertebral de Avello: "Sagrado vínculo"

Por Felipe Avello

En pocos días más cumpliré cuatro años de casado. Nadie puede negar lo difícil que son las relaciones humanas y aún más el matrimonio. Se han hecho miles de sesudos análisis sobre el tema y nadie tiene la receta para una armónica convivencia en pareja. El otro día mi señora, Jimena, una mujer que aún conserva la belleza de los 20 años, pese a que acaba de pasar los 40, me dijo, con la confianza que nos tenemos y que siempre nos ha caracterizado, que quería “hacer un trío”. Al principio, no voy a negar que me sorprendió, ella ha sido toda la vida muy discreta, pero luego de reflexionarlo unos minutos, no me pareció tan mala idea. El problema es que quiere hacer un trío, pero sin mí. Aún no le respondo.

Yo he intentado ser siempre honesto conmigo y por supuesto con ella. El otro día nos juntamos fuera de la casa, en un café, el mismo donde íbamos antes de casarnos, y le conté que le había sido infiel con una peluquera en octubre pasado. Sí, se lo conté cara de palo. Hoy estoy tan arrepentido…

Arrepentido de habérselo contado. A veces es mejor guardar silencio. La Chana, en tanto, ha sabido ser discreta, debí aprender de ella, quién me manda a andar confesando leseras.

Otra cosa que uno debe aprender del matrimonio es que con los años, vamos a cambiar física y mentalmente. Ya no somos los de hace cuatro años y en 10 años, lo más probable es que seremos aún más distintos todavía. Yo a los 16 tenía gran vigor sexual, andaba erecto la mayor parte del día, me excitaba con cualquier jeans ajustado que veía en la calle. Sin embargo no usaba, a esa edad, mi digamos potencia sexual. Era virgen hasta la médula espinal.  

Ahora, a los 40, no es que sea impotente, lo que pasa es que hoy mi pene tiene capacidades diferentes. No es discapacitado.

Sin embargo, cada vez que veo una mujer con los senos grandes y operados, me dan ganas de poner mi miembro entremedio, aunque esté flácido. Pero luego de pensar eso, reflexiono sobre el nefasto sistema de salud que tenemos en Chile, pienso en toda la gente que está enferma de verdad y que no tiene plata para operarse. Pero más pienso en mi miembro inerte en medio de la silicona dura. Y me gusta la imagen.

Esta Navidad la pasaremos con la familia de la hermana de mi señora, Ingrid. Ella es muy pobre, madre soltera y ha tenido muy mala suerte en la vida. Será entretenido pasar la Navidad en su casa porque la hija, Fernandita, aún cree en el Viejito Pascuero. El domingo la fuimos a ver, porque la floja de Ingrid está sin trabajo hace dos años y está con depresión. En un momento la pequeña se me acercó, tiene cuatro años, pero es muy perspicaz, mucho más que la burra de su madre, y me dijo: “Tío Felipe, me asalta una duda, ¿existe el Viejito Pascuero?”. “Por supuesto que existe” le dije yo, los que no existen son los regalos. Desde temprano los niños deben saber cómo es la vida. 

Para finalizar les cuento que estoy muy feliz en estos cuatro años de matrimonio, aunque Jimena pasa todas las noches en bares. No, no es alcohólica, anda todas las noches en bares, porque me anda buscando.

 
 
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