Jean Masoliver: Desafíos posliberales

Por Jean Masoliver

De vez en cuando me pregunto si la libertad sola basta como idea básica por la cual luchar para los liberales del mundo. Claro, en términos muy básicos, la libertad es un concepto totalizante y lleno de sentido al punto que podría hacernos creer que alcanzarla ―en cuanto derrotero― es suficiente para el movimiento liberal en el mundo.

La situación en Chile me hace creer lo contrario. La libertad en sí misma no basta porque si la tuviéramos no sería sustentable; al menos así como está nuestra sociedad. La libertad solamente sería sustentable si existe una cultura que la valore y la haga crecer. Este asunto al que me refiero responde a la primera pregunta que me hice respecto al liberalismo en Chile: si todos nosotros fuéramos libres en los términos que algunos liberales proponen en nuestro país —esto es, libertad individual valórica y libertad económica—, ¿qué vendría después? ¿Por qué ideario lucharían los liberales?
En principio, la provisoria respuesta que me propuse decía que los liberales tendrían que supervigilar cualquier situación en la cual la libertad se ponga en riesgo. Me parece que eso tiene sentido pero es, a su vez, impracticable e inconsecuente. En las múltiples sombras que nuestra sociedad proyecta por su complejidad no habría institución humana alguna que pudiera abarcar esa extensión de situaciones. De la misma manera, si existiese una institución que tuviera ese poder —algo así como una “policía de la libertad”— eso mismo atentaría con la idea misma de libertad. Esto sería ―si se me permite el neologismo― metaliberal. Estaría más allá de lo liberal.

Una verdadera libertad debería tener la posibilidad para todos de no ser vigilados para ser libres. Entonces la pregunta es: ¿qué hay más allá de lo liberal o de esta agenda que en Chile parece ser lo único liberal?
En sencillas palabras, mi opinión es la cultura. Una sociedad libre no se mantiene sino con una cultura de la libertad que permita a los ciudadanos libremente discernir respecto a lo que es libre de lo que no, lo cual eliminaría la necesidad de supervigilar la libertad. Lo que debemos hacer, en cuanto liberales, es buscar establecer los mecanismos culturales mediante los cuales la libertad sea sustentable. Esta sustentabilidad se basaría en tres elementos básicos.
En primer lugar, la educación para la democracia y la diversidad. Ambos elementos que permiten el libre tránsito de ideas dentro de nuestra sociedad y facilitan la construcción social sin necesidad de un Estado que movilice la población. Esto facilitaría, asimismo, el establecimiento de asociaciones civiles que permitan la mejor solución de los problemas de los más débiles.
En segundo lugar, la educación para el esfuerzo y la virtud. No se trata con esto de imponer una idea sobre lo que es bueno para la vida de alguien. Con “virtud” me refiero a la idea de que la persona debe querer ser la mejor versión de sí misma, sin importar el camino que desee tomar en la construcción de la vida buena que él considere llevar a cabo. La “ley del mínimo esfuerzo”, el “chaqueteo” o el “a última hora como buen chileno” son cánceres para la libertad, porque no nos permiten confiar en el otro. Sólo podemos ser libres si confiamos en que el resto lo sea y nos respete en cuanto ciudadanos.
 

Y, en tercer lugar, la educación para el respeto y el cuidado. El medioambiente, los ancianos, los niños, los discapacitados, todos ellos requieren de nuestro respeto para su propia libertad. El cuidado hacia los más débiles, mediante asociaciones civiles, permitiría que la libertad que se anhela se mantenga en el tiempo debido a la protección mutua de quienes nos necesitan. Una sociedad con un medioambiente dañado no permite la libertad de sus ciudadanos. Una sociedad con ancianos en soledad no les da herramientas para su propia libertad. Una sociedad enferma hace esclavos a sus miembros.
 

El ideario de los liberales en Chile debe ir más allá de lo meramente valórico y económico. Se trata de que en su misión se encuentre la idea de fundar las bases de una libertad duradera y en constante ampliación, con el fin claro y manifiesto de hacer de la sociedad un espacio para la propia realización del individuo. En esto consiste lo que llamo desafíos posliberales, desafíos más allá del liberalismo que conocemos.

 

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