Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Fumarola"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"

Como para terminar un año y partir el nuevo, fuego, el fatal incendio que consumió más de 50 hectáreas en el sector de Lago Peñuelas no podía ser más inoportuno pensando en el gran flujo automovilístico en dirección a Valparaíso pronosticado para ese día, o sea, la expectativa de llegar en menos de cuatro o cinco horas desde la capital a la ciudad puerto era por ser benévolo una locura. Quienes quisieron prevenir un viaje demasiado congestionado fueron mal aventurados con un taco kilométrico que sin duda te pone los pelos y los nervios de punta. 

Supe de algunos que retornaron a sus casas a mitad del camino, supe de otros que abortaron sus intenciones de ver los petardos costeros de forma radical. Es lamentable que en la época veraniega cuando las temperaturas se superan a sí mismas en cada jornada los incendios forestales se transforman en pan de cada día, la intervención del hombre casi siempre se atribuye las culpas convirtiéndonos nuevamente en los malhechores del entorno y del ecosistema.

Para quienes gozan de tiempo y gustan de internarse en la ruralidad que ofrece la Ruta 68 hay un lugar apacible con más de diez años de tradición restaurando cocina de origen en la entrada de Casablanca. Entre árboles frutales se levanta una casa de fachada antigua donde en su segundo piso habita el restaurante Macerado, una escuelita de ingrediente locales que enseña a comer bien con lo que tienen cerca.

La propuesta gastronómica  es honesta y sencilla, bien elaborada y elegante, gozan de un comedor pequeño casi familiar. Sólo un par de mesas disfrutan del intenso sol en la terraza pero prefiero adentro donde es más fresco, las machas parmesanas son muy buenas y siempre hay novedades en la oferta del pescado del día, rollizo, villagay, vieja, por ejemplo.

El conejo es de la zona y lo hacen ahumado con pasta de garbanzo. Otro ícono de la carta es el dúo de pernil y arrollado que abastecen “Los Valenzuela”, insignes faenadores de cerdo de la localidad. Mi última elección de principal, por lo demás muy acertada, fue un huachalomo al horno que como se dice por ahí, se cortaba con el tenedor. Sabroso a más no poder y con una contundente guarnición de papas y crema de puerros, un platillo que pedía a gritos una copa de buen tinto. Otro acierto que he disfrutado es el guiso de apio, muy al estilo de la preparación casera de zapallo italiano pero que por textura y sabor se transforma en una alternativa fresca y fuera de lo común, versátil para acompañar pescados o carnes. 

Tienen buena mano para las pastas, las he probado rellenas y son sumamente cumplidoras. En la carta actual hay unos papardele con frutos del mar que también están con manufactura bien cuidada.

Cuando voy a Macerado es en busca de tranquilidad y siempre la encuentro, es una puerta al campo a pocas cuadras de la carretera y lo conozco hace tanto que puedo asegurar que como el vino, con el tiempo está cada día mejor, para tenerlo en muy en cuenta a la hora de un taco infernal.

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