La guardaparques rapanui más antigua del rubro

Lleva 30 años en Orongo, Isla de Pascua, y ayudó a abrirlo. La guía tiene muchas historias para contar.

Por Flor Guzmán, enviado especial a Isla de Pascua

Orongo es la aldea ceremonial más importante en la cultura rapanui. Está protegida como parte del área del parque nacional de Isla de Pascua. Allí se realizaba la ceremonia del hombre pájaro o Tangata Manu. Desde que se sale de la oficina de Conaf por la que hay que entrar a la aldea el viento y la presencia del mar revelan a los turistas que se encuentran en un acantilado.

Un grupo de tres personas sale del área del mirador desde el que se puede ver el islote Motu Nui al que nadaban los competidores en busca del huevo del pájaro Manutara. Se acercan a una de las tres antiguas casas de piedra que se conservan en estado original y que están construidas bajo tierra con una altura que no supera el metro desde el suelo y una entrada que no pasa los 80 cms. Desde otro punto del recorrido por Orongo María Hey los ve y corre hacia ellos. Su gorro se vuela y alguien más lo recoge porque ella está demasiado ocupada intentando que no se acerquen más al patrimonio arqueológico. “Oigan, no pueden acercarse ahí, está prohibido tocar, rayar y salirse del sendero. Si no obedecen tendrán que volver”, les advierte ella. Lleva 30 años siendo guardaparques y es la más antigua de Chile en el rubro.

Comenzó trabajando en Orongo cuando todo lo que había allí era un deteriorado pastizal. “Hace más de 30 años me pasaron una pala y un chuzo. ‘Toma, limpia’, fue lo único que me dijeron”, aseguró ella.

Desde entonces no se ha despegado de sus labores. Hoy cuenta con orgullo la historia de sus ancestros y los vestigios que dejaron en la tierra a través de su profesión, pero también recuerda con tristeza los peores episodios en la isla. “Aquí ha llegado gente a causar un daño horrible. Han robado piezas, han rayado. Ha sido gente que no sabe, por eso aumentó la seguridad y por eso también uno tiene que enseñarle sobre el significado que tiene esto para nosotros”, enfatizó la guardaparques.

Ella trabaja desde las 08.00 a las 18.00 horas en invierno, mientras que en verano lo hace hasta las 20.00 horas. La mayoría de los visitantes que llega son extranjeros, por lo que con los años ha tenido que ir aprendiendo “aunque sea un poquito de inglés”. Tiene tres hijos, pero se rehúsa a entregar más de talles de su vida privada. “Tengo muchos sueños, para mi vida personal y para el parque, pero para que se cumplan…”, dice, y pone su dedo índice en sus labios para luego pedir permiso e ir a recibir, corriendo, a unos turistas asiáticos.
 

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