Ángel Soto: El hijo de Mampato

Por Angel Soto

El hijo del Mampato está de vacaciones. Tras la pichanga de rigor, enciende la tele, navega por internet, chatea, baja música en su pieza full conectada. De pronto, sin ninguna intención escucha algo de unos “cuchillos largos” y sangre… -What?

Claramente no es un programa de cocina, si así fuera, estaría en la sección dedicada al canibalismo. No es la serie de vampiros, por mucho chupa sangre que aparezca, aunque pone atención porque le suena a zombies y piensa que anuncian la nueva temporada de The Walking Dead… desilusión.

No entiende cuando escucha que el colectivo revindica las bases de la nueva estructura social en donde la toma de decisiones debe ser participativa y en colegislatura popular. Le suena el neoliberalismo inhumano, consumista porque sus padres se quejaron que no se vendan remedios en el supermercado y que ahora que él es grande, y le toca andar de duende del viejo pascuero –léase cargando las bolsas de regalos en el mall- vio pocas diferencias de precios porque están todos coludidos.

Por suerte, sabe que en su casa esta guardado el cinto espacio temporal. ¿Viajar al futuro y ver que pasará? La tentación es grande. Sin embargo, más sabio decide viajar al pasado y ver cómo éramos… Le escuchó a su “profe” que esto comenzó por los años 60, alguien dijo que el país funcionaba bien y de pronto todos querían revoluciones, nos empezamos a agarrar a combos en la calle, se escupía a la gente –igual que ahora– y vinieron los milicos acabando con la ilusión. Luego la noche oscura se vino sobre Chile… Pero su pieza, le dice lo contrario.

Intrigado, pero con preocupación, retrocede 50 años al barrio donde nació su padre. Ciertamente se ve peligroso, y antes de emprender la aventura, va en búsqueda de su peludo amigo el tío Ogú por si aca…

Al llegar, cree que se equivocó de país. No reconoce las calles, no encuentra los edificios, no hay malls. Un país pobre, marginal. Solo los privilegiados tienen teléfonos, van a la universidad y viajan.  Las posibilidad de conocer al abuelo es poca, porque la gente vive menos, los hospitales son pocos y malos,  y  el Tata no llegaría a fin de mes con la pensión, mucho menos le podría dar en el gusto en sus caprichos de adolescente.

Mejor regresar al presente que parece no es tan malo, total –si hay que reclamar, lo hago desde “la tablet” con wifi comiendo en el patio de comidas o llamando al delivery desde la casa, aunque con la esperanza… que el Estado no le prohíba su comida chatarra.

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