Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Noche"

Por Felipe Espinosa: Chef ejecutivo House "Casa del vino"

Dicen por ahí que el verano se disfruta más por la agradable temperatura de sus tardes y noches, por el fluido tránsito de baja congestión, por los festivales y conciertos al aire libre, porque las señoras de los amigos andan de vacaciones y por sobre todo por las benditas terrazas de los bares.

Detener el tiempo es una utopía, disfrutarlo es más realista y provechoso, como si el tiempo sobrara, como si el tiempo fuese un tesoro, lo que más falta es tiempo, recurso limitado y que literalmente corre contra reloj.

Así es que salí con algunos amigos a patear piedras por Irarrázaval, a caminar por algunas calles de la ciudad que aprovechamos cuando el tiempo no se detuvo y siguió su curso, pero ahí estamos de nuevo, con más canas, más hijos, pero la misma actitud.

Siempre ayuda un local adecuado a los intereses comunes del lote y tanteando y probando llegamos a la mismísima plaza Ñuñoa. Cómo ha cambiado, es cierto, la oferta es mayor pero los históricos se mantienen, ese es un acierto, ahora, entre los nuevos habitantes del sector se encuentra tras el edificio municipal una linda y gran casona, pintoresca y muy del estilo ñuñoíno. En ella se hace apología alcohólica de calidad: “La Destilería” es un antro amistoso, un bar de amigos con clase, no de esa clase arribista o esnob si no que de esa que apela a los buenos momentos, a los buenos muchachos, a la alegría y al relajo.

Dejar de lado el cansancio del día por un buen trago es sanidad mental, las botellas se exponen en los muros y la tabiquería se remplaza por el cristal, se pueden beber etiquetas y alcoholes que difícilmente se encuentren en otros bares. Ahí un “must” ofrecen verticales de algunos destilados reconocidos que por un módico precio te hacen recorrer la familia de un whiskey, vodka o pisco por mencionar algunas.

La cocina de este lugar es comandada por un colega que garantiza su buena factura, su carta es muy de bar y eso es bueno, coherente de principio a fin, algunos tártaros y carpachos, la batería de sánguches es tradicional, luco, italiano, chacarero, ofrecen un par de tablas, de fiambre y otra de carnes, pero, creo firmemente que el plato estrella es la Chorrillana del Terror, una abundante adaptación del plato símbolo del puerto en manos de un gran chef capitalino. Papas con cáscara en grandes gajos cubren el plato ovalado, sobre ellas trozos de lomo vetado mongoliano con un toque de crema, entremedio se cuela una salsa de queso y sobre todo lo anterior unos huevos fritos jugosos que chorrean las papas.

Es el estilo de lugar que nos gusta visitar, es el tipo de carta que nos gusta comer y tienen los tipos de alcoholes que nos gusta beber, tomamos muchas cerveza, piscolas y roncolas, nos hicimos cargo de varias chorrillanas y nos fuimos muertos de la risa en una noche de verano ideal, nada más que agregar, hay que aprovechar.

 
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