Columna de Juan Manuel Astorga: "La hemorragia"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

Parafraseando la máxima que dice que “de toda crisis surgen las oportunidades”, da la sensación de que en la centroderecha lo que ocurre es exactamente lo contrario: de toda oportunidad surgen crisis. Esta semana asistimos al más reciente episodio de problemas derivados de la falta de entendimiento al interior de uno de los partidos gobernantes, Renovación Nacional. Tres de sus diputados, Karla Rubilar, Pedro Browne y Joaquín Godoy, renunciaron a su militancia en la tienda que dirige Carlos Larraín, descontentos por la incapacidad del partido de escucharlos. 

“Nuestro tiempo en Renovación Nacional se ha agotado y el espacio para nuestras ideas ya no es viable dentro del partido que nos acogió. Para nosotros, RN es hoy un partido conservador donde las diferencias no son respetadas”, dice una parte del escrito con el que explicaron públicamente sus dimisiones. La salida de estos parlamentarios se suman a del senador Antonio Horvath, y las de Hernán Larraín Matte y Carmen Ibáñez -madre de Godoy-, entre otros. 

La fuga de militantes podría no detenerse aquí. La serie de discrepancias internas en el partido tiene a varios ministros del gabinete del Presidente Sebastián Piñera, como Cecilia Pérez, Bruno Baranda y Catalina Parot, evaluando su continuidad como militantes. Todo ocurre además a pocos días del consejo general de Renovación Nacional, que se efectuará el próximo sábado 18 de enero.

No hay una interpretación única y exclusiva del porqué de la crisis de esta tienda política. En alguna medida, se explica por el estilo de conducción que durante varios perÍodos ha llevado adelante su timonel, Carlos Larraín, una figura que los más jóvenes dentro del grupo político consideran, al menos, conservadora. Su manera “apatronada” de dirigir la colectividad, le ha valido numerosas críticas en estos años. Pero incluso su inminente salida del cargo, cosa que ocurriría seguramente en mayo próximo, no garantizaría vientos cambio en RN. Los problemas dentro del partido están más bien relacionados a permanentes disputas personalistas entre algunos de sus históricos, lo que ha impedido, según sus más críticos, darle tiraje a la chimenea y permitir el surgimiento real de nuevos liderazgos. 

Dentro de Renovación Nacional conviven dos almas, una liberal y otra conservadora. A diferencia de sus socios en la Alianza por Chile, en la UDI este es un problema inexistente. El partido se reconoce como conservador y sus discrepancias no son sobre qué camino seguir en materia política, sino más bien, en cómo obtener sus objetivos. Por decirlo de alguna manera, el fracaso electoral que experimentó la Unión Demócrata Independiente en las pasadas elecciones, no se debió a pugnas entre liberales y conservadores o entre facciones que se disputan el control del partido, sino a un discurso que el electorado pudo percibir como añejo. 

El descalabro que parece estar viviendo la centroderecha se refleja en el surgimiento de nuevos movimientos políticos creados y organizados por dirigentes que salieron de ambas colectividades. Y seguramente lo más interesante aquí es precisamente esto último. El pecado que más se menciona dentro de este sector político es que “abundan caciques y faltan indios”. Sobran generales y se carece de soldados. Dicho en simple, si no me escuchan o no me hacen caso, me voy y formo mi propio partido. Asociados históricamente al mundo empresarial, las figuras de la derecha chilena parecen replicar el estigma que tantas veces los ha perseguido, el de saber mandar pero no el de saber acatar Órdenes. Ser jefes y no empleados. 

Los más recientes movimientos políticos creados a partir de la crisis en la derecha se llaman “Evolución Política”, “Horizontal” y “Amplitud”. Los tres nombres intentan reflejar justo lo contrario a lo que siempre se ha asociado a este sector: falta de evolución, partidos más bien verticales y con estrechez de miradas. 

Durante la última década y media, tanto la UDI como Renovación Nacional se habían abierto tanto en miradas estratégicas como ideológicas. El partido de Pablo Longueira se acercó a los sectores más populares, históricamente simpatizantes de la izquierda chilena, y logró hacerse de un nicho que le permitió convertirse en algún momento en la tienda más grande del país. Una parte de RN hizo propias banderas más liberales como modificar el binominal o sacar adelante el Acuerdo de Vida en Pareja, AVP. No obstante, la rivalidad entre conservadores y liberales y la hostilidad derivada de las pugnas personales están provocando una fuga de militantes y, lo más grave, de votantes. La pregunta que no encuentra respuesta es cómo se detiene la hemorragia.

 
Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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