Columna come y calla por Felipe Espinosa: "Con cuernos"

Por Felipe Espinosa: Chef Ejecutivo House "Casa del vino".

Hoy estamos rodeados de turistas, creo que Chile es cada vez más visitado por extranjeros que vienen a descubrir “la magia del sur” impregnada en nuestras calles. Hace unos días nos asombrábamos con colegas de mi empresa de cómo es posible que vayas a un centro comercial del sector oriente y sea difícil escuchar español, a no ser que sean vendedores, los pasillos se plagan de foráneos predominando el portugués e inglés. 

Estoy autoconvencido de que Chile es un país que no entiende nada de turismo, que ni siquiera estamos en pañales, andamos en pelotas recibiendo extranjeros que andan de vacaciones. Es verdad que por ahí hay ciertos aciertos en el mundo privado (probablemente muy caros) que hacen todo lo posible por evitar este karma, por alejarse del estigma, pero en realidad a nivel país, el estado y por lo general la industria turística deja mucho que desear.

Es cierto que los europeos tienen cientos de años más de historia y que los gringos del norte manejan más presupuesto y tecnología, pero que cuesta mirar bien cómo hacen ellos las cosas, si estuviésemos en EEUU probablemente a la salida del Parque Metropolitano se venderían poleras, gorros, tazones y cuanto elemento de merchandising exista con diseños alegóricos en un stand con lindas chicas en simpáticos  trajes de elefanta “Fresia” QEPD.

Hay que dejar volar la imaginación, al gringo le gusta llevarse un recuerdo, algún elemento que valide su visita. Cuando imagino cómo potenciar un centro turístico pienso en Disney, es cosa de imaginar, por ejemplo, que la salitrera de Humberstone en el norte deje de ser como un pueblo fantasma y vire su concepto más a un parque de diversiones, más colorido, más bullicioso, donde los antiguos salones sean convertidos en juegos para niños de aires mineros, podrían tener una montaña rusa con carros de mina y las chicas que cortan los tickets podrían vestir un sexy traje minero de época, con lámpara en el casco y picota en el cinturón. Cualquier castillo europeo o cadena de restaurant gringo sabe vender llaveros, libros y miniaturas al final de un tour, nos estamos durmiendo esperando que lleguen los extranjeros a realizar estos cambios.

Así con el tema, sentado en El Toro junto a unos amigos daneses a quienes sacamos a pasear, ellos lo ven y lo denuncian, cualquier bobo se da cuenta que tenemos mucho que hacer, mientras probábamos un crudo muy al estilo de mi padre y una tortilla de papas babosa como se solicitó, los amigos disfrutaban de los tragos en este ecléctico lugar que lo que le sobra es onda, sacrificando quizás infraestructura, la discusión se centraba en si es o no un acierto promocionar a Chile en las grandes pantallas de Time Square en NY, claro que lo es, pero no es suficiente, la promoción debe ser un cambio de fondo, no sólo superficial mostrando lindas imágenes de la Patagonia o del desierto, el Estado debe apelar a que la industria se venda mejor, venda más, sepa atender y quiera atender.

Mientras nos tomábamos la cabeza de decepción, anotábamos ideas, comíamos unos increíbles ostiones parmesanos, un plato de diez unidades gordos de queso que enseñan cómo algo tan simple se puede transformar en tu mejor carta de presentación. Ojo Sernatur, no sólo hay que alegrarse porque aumenta el número de visitantes, hay que cautivarlos para que vuelvan y nos recomienden con todos sus amigos.

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