Nicolás Eyzaguirre se disculpa por llamar "idiotas" a sus compañeros del Verbo Divino

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“Fui a un colegio cuico. Fui al Verbo Divino, y les puedo decir que muchos alumnos de mi clase eran completamente idiotas; hoy día son gerentes de empresa. Lógico, si tenían redes. En esta sociedad no hay meritocracia de ninguna especie”. Más que el comentario, llamar “idiotas” a los alumnos de unos de los colegios preferidos por la elite, le costó una serie de críticas al ex ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre, tanto que tres días después tuvo que pedir disculpas. Lo hizo con una carta en el mismo diario. De la que reproducimos algunos párrafos.

“Para ilustrar la falta de meritocracia en Chile, a mi juicio principal obstáculo para que alcancemos el desarrollo, relaté durante el citado diálogo ejemplos de mi experiencia en un colegio particular pagado. Pero la forma que usé para describir las ventajas que tienen los alumnos de estos colegios en su futuro laboral fue desafortunada y ofensiva. Señalé que algunos estudiantes siendo “idiotas” -que como se sabe significa ignorantes y despreocupados por los asuntos públicos- habían accedido, en función de sus redes y contactos, a cargos gerenciales con posterioridad”.

“En rigor dichas redes y contactos, en mi experiencia, permitieron a algunos de pobre rendimiento académico conseguir posteriormente niveles económicos más que satisfactorios. Esa no es solo mi experiencia, sino una verdad estadística irrefutable. Pero las palabras utilizadas tienen en su uso habitual una connotación peyorativa fuerte, generando indignación en algunos ex alumnos”.

Quiero aclarar que nada de lo que dije puede interpretarse como una descalificación de la calidad de mi colegio. Por el contrario. A la conocida evidencia sobre el superior rendimiento de los colegios particulares pagados, donde el Verbo Divino destaca, la composición socioeconómica del alumnado de este colegio y otros similares hace que sus alumnos traigan redes y contactos desde sus hogares que solo acrecientan al compartir con sus pares. Quedan así con una ventaja significativa en el mercado laboral respecto del resto de los chilenos. Yo mismo fui beneficiario de aquello. Pero esta es una característica de la organización de la sociedad, la que obviamente no es responsabilidad del colegio.

Todo lo anterior no reniega en nada del sentido profundo de mis dichos. A través de la historia las élites, de cualquier orientación y linaje, han erigido barreras para defender sus privilegios, intentando a su vez transmitirlos por generaciones. Esto es particularmente marcado en Latinoamérica, como ha sido documentado copiosamente. Nuestro país tiene el desafío de derribar esas barreras si quiere seguir desarrollándose. Y, honestamente, creo que ello no emanará solo de una concesión graciosa de la élite, sino de una organización cada vez más compacta y responsable del resto para lograr espacios de nivelación de la cancha de oportunidades

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