Columna vertebral de Avello: "Todo planeado"

Por Felipe Avello

En 1994 me llamaron para hacer el servicio militar. En ese tiempo era obligatorio. Debía presentarme en el Regimiento Chacabuco de Concepción. Recuerdo que no tenía ningún certificado que me permitiera eximirme. Tampoco un amigo médico que me diera algún papel que dijera que tenía pie plano o asma. Decidí no presentarme al cantón de reclutamiento. Me llamaron varias veces a mi casa y en una ocasión dos policías militares fueron a buscarme. Apenas los vi por la ventana me metí debajo de la cama. Afortunadamente no estaban mis padres, que me hubieran entregado sin problemas. Sólo estaba mi abuelita, que en ese tiempo vivía con nosotros. Ella se prestó para mentirles. Les dijo que yo no vivía allí hace mucho tiempo y que no se sabía nada de mí. Nunca más fueron a buscarme. Igual me siguieron llamando durante 12 años seguidos. Nunca me presenté. Han pasado 20 años, y estoy preocupado. En el caso de una guerra con Perú, si falta contingente militar, esto me lo dijo un amigo que trabaja en la Cancillería, es muy probable que me llamen para hacerme parte del Ejército. Por eso, ya empecé a prepararme. Ayer comencé a hacer abdominales y lagartijas por si se acuerdan de mí y me vienen a buscar los militares otra vez.
Ya tengo todo planeado. Primero voy a elegir yo mismo a mis compañeros de pelotón. La idea es elegir sólo amigos, o personas afines a mi personalidad. Gente entretenida, con la que tenga tema y gustos similares. Gente a la que le guste la misma música que a mí, las mismas lecturas. Deberemos compartir por largas horas en la trinchera por lo que el tema de la convivencia es fundamental. Incluiré a gente entretenida como mi amigo Copano, o el músico Alex Andwanter. Incluiré a un negro blusero que toque la armónica o la guitarra, para amenizar los atardeceres, y a un discapacitado como el teniente Dan, de Forrest Gump, para ir a divertirnos a los bares limeños.
Lo que sí, y en eso voy a ser inflexible, evitaré manejar armas. Pediré que me destinen a la cocina, al orfeón de Carabineros, o que me inscriban en el coro, o manejando la radio. O por último que me pongan de enfermero.
Lo otro que voy a hacer, y para eso ya mandé una carta petición al Cosena, será cambiar el uniforme oficial de soldado. Debemos usar ropa cómoda, sobre todo si queremos llegar hasta la sierra o la selva peruana. Por eso voy a mandar a apitillar el pantalón, cambiaré los bototos por unas alpargatas y empezaré a usar una polera más entallada con tachas o con algún estampado bonito alusivo a la guerra. Además pediré manejar un jeep, ojalá el modelo Wangler Bikini. Es descapotable y está en rojo, verde musgo y amarillo playero.
Y si debemos invadir Perú, por supuesto, no violaré a nadie. Si me gusta alguna chica la invitaré a salir, a tomar un trago, piola, sin forzarla. Tratraré de robar lo menos posible. Buscaré alguna picada donde se coma rico, ojalá en Máncora, está exquisito por estos días. Aprenderé a surfear y allí me atrincheraré con mi pelotón. Pediré conocer a Jaime Bayly, a Wendy Zulca, dicen que está grande y más desarrollada, y a Pedro Suárez Vértiz, el que canta “Me estoy enamorando”.
Además devolveré “El Huáscar”. Aunque en el traslado de Talcahuano al Callao llegue todo desarmado, igual será un bonito regalo.
Todos estos antecedentes ya están en manos de ambas cancillerías. Espero respuesta pronto.

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