Columna del sacerdote Hugo Tagle: "Con todo, igual hermanos"

Por Padre Hugo Tagle/ Capellán UC

A hacerse la idea: tras la decisión de La Haya sobre la demanda peruana por límites marítimos con Chile, seguiremos siendo vecinos con Perú. Y no puede ser de otra forma. Por lo que, cualquiera sea la decisión del tribunal, hay que hacer de ella un camino de mayor encuentro, paz y unidad. Quienes predican beligerancia y odiosidades no sólo son irresponsables sino que hacen un pésimo servicio a los chilenos.

Ni los hermanos ni los países vecinos se escogen. Y no se trata de tolerar con los dientes apretados como si ello fuese una fatalidad. Se trata de leer providencialmente la historia, aprender de los errores y alegrarse por los aciertos mutuos. La mejor contienda es aquella en que los dos ganan. Como en el matrimonio, cuando uno pierde, pierden los dos.

¿Qué lecciones saco del fallo, cualquiera sea éste? Que debemos crecer en amistad, integración y respeto mutuo; hacer de nuestras coincidencias en materia cultural, religiosa y económica una real fuente de integración, progreso mutuo y felicidad para ambos pueblos.  

Perú y Chile participan de una historia común, compartimos infinidad de virtudes, una lengua, tradiciones culturales, una fe mayoritariamente cristiana. Un tesoro enorme.

Buen ejemplo nos han dado la hermandad y solidaridad entre las zonas fronterizas. Ello se expresa en el reconocimiento mutuo y el gran intercambio comercial y cultural. La diversidad nos enriquece y fortalece. No borra nuestra condición de hermanos.

Aprendimos que la paz y hermandad no son obvias. Exige dedicación, esfuerzo trabajo, renuncias. Invito a rezar por las autoridades de Chile y Perú y por nuestros pueblos, para que en todo trabajemos por una paz estable, en que convivamos como hermanos y perseveremos en el bien. Un primer paso es alejar toda violencia y arrogancia del lenguaje y discurso público y privado.

Destaco aquí el que tanto las autoridades de Perú como de Chile se hayan comprometido a un irrestricto respeto
y acatamiento del fallo de La Haya. Éste constituirá una gran oportunidad para fortalecer nuestras relaciones basadas en una mayor confianza y respeto.

Todo ello se debe traducir en un esfuerzo sincero por crear espacios de diálogo y de fraternidad, comenzando por nuestras familias, barrios y lugares de trabajo. Los sentimientos positivos que se cultivan en el corazón, poco a poco y diariamente, marcan nuestro comportamiento en la vida.

Somos parte de la gran patria latinoamericana ¡Hay tantas tareas pendientes para alcanzar mayor justicia, equidad, participación y paz, en las que no podemos avanzar solos! Nos necesitamos unos a otros para derrotar la pobreza, crecer en igualdad y respeto. La fraternidad y cooperación entre los pueblos es esencial.

Lamentablemente aún existen prejuicios y recelos. La convivencia y el respeto mutuo es el único camino para sanarlos. Zanjados los temas del pasado, ahora lo que nos desafía es integrarnos mejor en pos del desarrollo de nuestros pueblos.

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