Columna de Raúl Sohr: "Habló La Haya"

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El fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) se ajustó a los vaticinios. Pero el trazado final de la frontera resultó sorprendente. Perú reclamó una proyección marítima mediante una línea equidistante a partir del punto de la Concordia. Chile planteó que las cosas debían seguir tal como estaban.  En los hechos la CIJ reconoció el Hito  1, como lo postulaba Santiago, y además reconoció 80 millas a lo largo del paralelo. Desde este punto de vista, Santiago obtuvo una victoria. Lima sufrió un revés puesto que fue ignorada su demanda de ampliar la proyección marítima de sus puertos australes, en tanto Chile conservó la suya frente a Arica. 
 
Pero el diferendo entre Chile y Perú tenía más de político, de sentimientos nacionales que de un tema meramente territorial. El discurso del presidente Ollanta Humala, después de conocido el fallo, fue explícito en este sentido cuando proclamó una victoria. Señaló que habían logrado hacerse de 50 mil kilómetros de mar. De este total, 22 mil corresponden a lo que hasta ahora era la Zona Económica Exclusiva (ZEE) chilena y el resto corresponde a la alta mar cubierta por la proyección de las 200 millas desde las costas peruanas.

Una superficie que en los mapas fue bautizada como el “triángulo externo”. Pero en sus discursos Humala subrayó que habían cambiado el mapa y, por sobre todo, habían logrado la unidad nacional. Las aguas en cuestión en disputa eran secundarias. Torcerle la mano a un adversario tenía un efecto sanador para curar viejas cicatrices. Así, apenas proclamado el triunfo el mandatario peruano llamó a una relación armónica y constructiva con Chile.

Para Chile, desde que fue demandado ante La Haya, no había victoria posible. Nadie habría salido a las calles a festejar porque todo seguía igual que antes.

Desde un comienzo era evidente que Chile sólo podría perder. La pregunta entonces era cuánto. Como se dijo siempre, y lo reiteró el juez a leer su fallo, se trató de una sentencia equitativa. Y desde esta óptica la pérdida de una superficie de la ZEE es un mal menor. Algo que a ningún chileno puede agradarle, pero es apenas la pérdida de derechos de pesca que afectará a muy pocos. 84 por ciento de la pesca se realiza en las 20 primeras millas. 

Mucho dependerá de cómo las autoridades y los medios de comunicación manejen las percepciones públicas sobre el tema. Habrá que ver cómo el fallo se traduce en popularidad o impopularidad de los respectivos gobiernos.

Más allá del horizonte inmediato lo que cuenta es qué ocurrirá en las relaciones entre ambas naciones. Apenas concluido el fallo los dos presidentes, seguidos de la presidenta electa, hicieron votos por una relación fraterna e integradora. El tiempo dirá.
 
 “Torcerle la mano a  un adversario tenía un efecto sanador para curar viejas cicatrices. Así, apenas proclamado el triunfo el mandatario peruano llamó a una relación armónica y constructiva con Chile”


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