Columna de Juan Manuel Astorga: Un tropiezo inexplicable

Por Juan Manuel Astorga

El principal argumento que se esgrimió desde el comando de la electa Presidenta, Michelle Bachelet, para explicar el porqué la próxima mandataria se tomó más de un mes en anunciar su gabinete, fue que quería escoger un equipo de primer nivel. Incluso algunos recordaron los errores que el actual gobernante, Sebastián Piñera, cometió en sus primeros nombramientos. Todo por hacerlo a la rápida, dijeron. Pero la falibilidad no es exclusiva de la Alianza por Chile. La Nueva Mayoría está viviendo, en carne propia, lo mismo que le cuestionó al presidente hace exactos cuatro años. 
 
Apenas algunas horas después de conocidos los nombres de quienes ocuparán las subsecretarías, apareció la primera crítica. Como segunda figura en el ministerio de Educación, se designó a la economista de la Democracia Cristiana Claudia Peirano, quien se había opuesto públicamente a la gratuidad total en la educación superior, una de las principales promesas del programa de gobierno de Bachelet. ¿No hay seguridad de que esa promesa de campaña se pretenda cumplir o es que la futura subsecretaria cambió de opinión?
 
Para despejar el punto, ayer el próximo vocero de gobierno, Álvaro Elizalde, dijo que Peirano “formó parte de la comisión que elaboró el programa de gobierno en materia educacional de Michelle Bachelet, y por tanto está profundamente comprometida con esta reforma”.
 
Sin embargo, las críticas no se refieren sólo a la opinión que en algún momento tuvo la militante DC. Según lo consignó esta semana el diario electrónico El Mostrador, Peirano asesoró al colegio subvencionado Dagoberto Godoy, de Lo Prado, que ha sido duramente cuestionado por sus apoderados. Ellos acusaban una serie de irregularidades, que iban desde la presencia de ratones, hasta malos tratos a los jóvenes movilizados. El establecimiento, según El Mostrador, es parte de la Red “Crecemos”, del ex esposo de Claudia Peirano y ex vicepresidente de la DC, Walter Oliva, y fue asesorado, mientras aún estaban casados, por la Agencia de Asistencia Técnica Educativa (ATE) Grupo Educativo, perteneciente a la ingeniera comercial.
 
Hasta anoche, nadie había salido a desmentir las acusaciones, que dan justo en la línea de flotación de las críticas que los estudiantes han formulado en estos años respecto de la opacidad en el manejo de las subvenciones escolares y sobre el lucro.
 
Claudia Peirano es madre del actual vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica, FEUC, Ignacio Oliva. El joven dijo ayer que “es evidente que con la subsecretaria yo tengo un vínculo, eso es innegable, sin embargo, hoy en día tenemos roles distintos, estamos en veredas opuestas y yo la verdad es que no me pierdo y la subsecretaria tampoco”.
 
Aunque es justo decir que cada quien responde por sus actos y no por los de su entorno familiar, es correcto precisar también que, siendo prácticos, los vínculos familiares le provocan a la futura subsecretaria un embrollo bien complejo.
 
¿Alguien anticipó este escenario en el equipo de Bachelet? Hasta ahora, queda la sensación de que no hubo suficiente chequeo o preparación para hacerle frente a la contingencia que aqueja a una ingeniera comercial con mención en economía de destacada trayectoria. Un abollón innecesario o, al menos, evitable.
 
Revisar los antecedentes, currículums e historia detrás de cada nombramiento suena a obvio, pero ahora, como pasó antes con Piñera, pudo haber faltado pulcritud en ese menester. Ya empiezan a aparecer otras biografías, como la del nuevo subsecretario de Salud, Jaime Burrows, que puso en cuestionamiento ético hace dos años la despenalización del aborto terapéutico, parte de las políticas de equidad de género que ha propuesto la electa mandataria.
 
También se ha puesto en entredicho al futuro subsecretario de Minería, Ignacio Moreno Fernández, gerente general de Cerro Dominador, minera de la familia Callejas que desde hace 50 días se encontraba en una paralización indefinida. Según una investigación del sitio Ciper Chile, los trabajadores buscan mejoras salariales y adicionalmente, presentaron ante la Dirección del Trabajo una denuncia por prácticas antisindicales.
 
Con todas las encuestas jugando invariablemente a favor del triunfo de Michelle Bachelet hace varios años, parece inentendible que no se le haya dedicado más tiempo a diseñar el gabinete, revisando y repasando cada posible conflicto de intereses. El problema, como hemos dicho antes en estas páginas, no es tenerlos sino cómo se administran. Hasta ahora, la actitud ha sido más bien evasiva que reactiva frente a esos conflictos que empiezan a emerger. 
 
Cada vez que le preguntaron a Bachelet durante la campaña por nombres para los ministerios de un eventual gobierno suyo, dijo siempre lo mismo: que no había dedicado un minuto a pensar en eso y que lo haría sólo después de la segunda vuelta, el 15 de diciembre. Quizá fue un error, precisamente, no haberle destinado más tiempo a una lista donde cada nombre puede, potencialmente, convertirse en un dolor de cabeza innecesario pero, por sobre todo, absolutamente evitable.

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