Columna vertebral de Avello: Haz lo correcto

Por Felipe Avello

He aconsejado sólo a dos personas en mi vida. Una vez fue en el año 2003. Yo trabajaba en una radio a la que llegó a trabajar un joven muy simpático y con una increíble capacidad para imitar. Era sorprendente la habilidad que tenía para recrear sobre todo las voces de gente famosa. Un día me invitó a una fuente de soda que quedaba a pocas cuadras de la radio. Yo iba todos los días antes de hacer el programa, a tomarme una cerveza o dos, para desinhibirme y ser más chistoso. 
 
Cuando ya me había tomado tres shops y él se había comido la mitad de un completo, me contó que estaba en un dilema y que necesitaba un consejo. Me dijo que estaba estudiando educación física, que le gustaba su carrera, pero que quería dedicarse de lleno a las imitaciones. Me dijo que había pensado cambiarse a estudiar teatro, pero que la verdad sólo quería hacer imitaciones, que a eso quería dedicarse.
 
Aconséjame, tú que tienes más experiencia y que eres el más divertido del programa, me dijo. 
 
Reconozco que me halagó que tomara en cuenta mi opinión, y sobre todo que dijera que yo era el más divertido del programa radial, aunque sabía que más que divertido era deslenguado e irrespetuoso y que el mérito era de las cervezas, dos o tres, que me tomaba todos los días.
 
‘Mira’, le dije, siempre es bueno tener un respaldo académico, mejor termina tu carrera, no creo que educación física sea una carrera difícil (todos los profesores de educación física que había conocido eran flojos, andaban con buzo todo el día), esa es una carrera fácil, ¿que te quedan dos años? termínala entonces, y no hagas tonteras, ¿estudiar teatro? ¿para qué? si tú mismo dices que sólo te interesan las imitaciones, además con la pinta de cuico que tienes te van a discriminar, los estudiantes de teatro son súper hippies, y tú pareces hijo e empresario. Y otra cosa, tus compañeros gay, que van a ser muchos, se van a querer sobrepasar contigo, le dije. Y con respecto a las imitaciones, te salen espectaculares, sí, lo reconozco, pero sinceramente, ¿piensas dedicarte a eso? ¿a imitar? como imitador siempre vas a necesitar un partner, no puedes pararte en un escenario, solo, a imitar voces, necesitas un compañero, alguien generoso en el escenario, pero divertido y talentoso como tú, yo podría ser esa persona, pero te terminaría opacando, así que mejor no, además seamos sinceros, las radios donde trabajamos no las escucha nadie, en cualquier momento las van a cerrar, este programa lo hacemos para divertirnos nosotros, yo llevo ya 2 años y me pagan 150 lucas, ahora puedo vivir con eso, pero cuanto tenga hijos será imposible. Termina de estudiar, no seas tonto, ejerce tu profesión de docente, y haz imitaciones los fines de semana, hasta puedes hacer algún evento por ahí, pero no seas irresponsable, estudia y desarróllate como profesional en esa área, concluí.
 
A los pocos meses y tal como lo había augurado, la radio fue vendida a un conglomerado extranjero y todos fuimos despedidos. Nunca más vi al imitador en persona.
 
Era el año 1991. Yo vivía en Concepción, había recién egresado del colegio Sagrados Corazones y tenía un amigo, que vivía en Coronel. Teníamos la misma edad, pero no éramos la misma onda. El había estudiado en el liceo municipal. Había salido con excelentes notas, era muy capaz, muy agudo e inteligente. Yo había egresado con notas más o menos, y nadie me encontraba ni agudo ni inteligente, pero se entendía porque yo estudiaba en un colegio mucho más exigente que el de él. Un día me dijo que nos juntáramos a tomar un café. ¿Un café? eso es como de viejo, pensé, los jóvenes tomamos cerveza o nos fumamos un pitito. Igual nos juntamos, no tenía nada más que hacer. Me empezó a contar que estaba feliz, que estaba pololeando, no le creí ( lo encontraba feo), hasta que me mostró una foto de él abrazando a una sexy morena de peto blanco. Me contó, además, que había quedado en Ingeniería en la Universidad del Biobío, y que había ingresado a militar al PPD. Que eres raro, le dije, estás pololeando con una media mina, me constaba que era su primera polola, y que hasta ese entonces era virgen (yo también lo era), y te dedicas a perder el tiempo metiéndote a un partido político. A nuestra edad nadie se dedica a la política, dedícate a estudiar mejor, y los momentos libres aprovecha de pasarlo bien y comerte a tu polola, no te metas en tonteras, no te dejes utilizar, los partidos políticos están llenos de viejos que usan a los jóvenes, hazme caso, hombre, te vas a quemar, en la universidad a nadie le gustan los que se meten en partidos. 
 
Después de un par de semanas me encontré con él y su polola en el cine. Era más rica de lo que se apreciaba en la foto, era exquisita, la verdad. Se veían muy contentos. ‘Juntémonos’ le dije a mi amigo, mientras miraba el escote de la morena. Pero nunca me llamó. Me encontré a los pocos meses otra vez con él, iba apurado a una convención del partido. Su polola lo había dejado semanas antes. ‘Con las actividades de la U y del partido, no tenía mucho tiempo para ella y se aburrió de mí’, dijo lamentándose. Se despidió apurado. ‘Viste, te dije Rodrigo’, alcancé a gritarle. 
 
Nunca más lo vi. Hasta ayer, cuando mirando las noticias, me entero que mi amigo, sí, Rodrigo Peñailillo, había sido designado ministro del Interior. Que desde hace años era el hombre de confianza de la Presidenta Bachelet, que era soltero y tenía fama de seductor. Casi me caí de la silla de la impresión.
 
En tanto, al joven imitador que aconsejé que siguiera estudiando y que tomara las imitaciones como un hobby, lo volví a ver, también por televisión. Se llama Stefan Kramer. Me enteré que no terminó la carrera y que es millonario y ultra famoso. 

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