Angel Soto: Un mercado de verdad

Por Angel Soto

Lo que más me gusta de ir al mercado Persa del Biobio es la sensación de libertad que recorre sus calles y galpones. 

Al igual que en otros mercados, la gente libremente camina, observa, busca, pregunta, compara, elige y regatea.  Los comerciantes deben aprovechar el interés del cliente (que muchas veces se va convirtiendo en “el casero”) sacando sus mejores habilidades para mostrar las características, originalidad y conveniencia de las bondades del producto o servicio que ofrece.

Funciona sin intermediarios, en un cara a cara directo, sin apuros, donde la mirada, la demostración de interés, la seducción de los argumentos y la satisfacción de encontrar lo deseado se sellan estrechando la mano en una inconfundible demostración de que en el trato hecho ambas partes ganaron.  A diferencia de lo que ocurre en otros lugares, no queda la sensación de haber sido abusado.

En cada uno de los rincones, vemos a cientos de emprendedores que están esperando una oportunidad para ofrecer sus productos, en tanto que otros –atentos a la demanda- ven en los servicios una oportunidad de negocio, evidenciando que sólo la creatividad es el límite.

Casi no encuentro una mejor atención al cliente. Muchos de los puestos son “atendidos por su “propio dueño”, por lo general alguien que entiende lo que vende y que se tomará la paciencia de mostrar y explicar una y otra vez su oferta. Nada de andar persiguiendo al vendedor que cree que nos hace un favor, por el contrario, acá están siempre disponibles con frases del estilo: “Que gusto verlo otra vez”, “Si lleva estos dos le hago precio”, “vaya con calma, se lo guardo”, “llévelo, si no le gusta me lo devuelve”, “llévelo para que me de la suerte”. Todas frases mágicas que permiten comprar sin mediar burocracias de colas en la caja, sistemas que se caen, códigos que no se leen, llamadas al supervisor, notas de crédito u oficinas de “atención” al cliente que le dan un numero para que espere. No… acá es inmediato, efectivo, eficiente.

La visita a este mercado puede terminar (o hacer un alto) en el mejor “galpón” o carrito que nada envidia al “patio de comidas”, donde otra vez elegirá entre la comida típica o la comida internacional: una empanada de queso, un lomito, un hog dog gigante, papas fritas de verdad, o una pizza, shawarma, comida tailandesa, taco mexicano o comida china… lo que usted quiera y sin una etiqueta que me diga –quizás subrepticiamente- la cantidad de calorías que estoy consumiendo.

En fin, un mercado libre, un mercado que funciona… un mercado de verdad.
 

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