Columna de Joel Poblete: Implacable y dolorosa

Por Joel Poblete

En las intensas y conmovedoras “Hunger” -no estrenada comercialmente en Chile- y “Shame”, el británico Steve McQueen no sólo se confirmó como uno de los realizadores más interesantes surgidos en la última década, sino además logró remecer al público con dos historias protagonizadas por personajes atrapados en situaciones límite.

En el primer caso, la prisión era física, en el segundo caso, era interna e incluso aún más desgarradora. Su nuevo film, “12 años de esclavitud”, que es su primera incursión en una gran producción, con actores conocidos a nivel internacional y un tema “importante”, está recibiendo muchos premios y actualmente postula a nueve Oscar -estatuilla que había ignorado sus anteriores dos producciones- incluyendo mejor película, director y actor. Y afortunadamente, McQueen no renuncia a su estilo ni se trivializa, algo que suele ocurrir cuando los cineastas que han adquirido cierto prestigio cinéfilo pasan a las “ligas mayores”.

Por el contrario, al contar la historia real de Solomon Northup, de acuerdo al libro homónimo en el que éste relata cómo en 1841 fue engañado y, a pesar de ser un hombre libre, fue separado de su familia y vendido como esclavo, el cineasta nos entrega un trabajo implacable y austero, doloroso y sin concesiones, sin abandonar su habitual estilo formal, una vez más centrándose en un hombre prisionero, aunque en este caso su encrucijada se extiende durante 12 años en los que el tormento físico va a la par con el calvario sicológico, forzando sus límites y resistencia internos.

Por supuesto que una película como ésta no es para todos los públicos y puede herir susceptibilidades debido a lo gráfico y realista de varios momentos que más de alguien encontrara incluso sádicos, pero acá la crudeza se justifica; en otros títulos es más adecuada la sutileza o sugerir más que mostrar, pero en este caso se agradece que McQueen fuera más honesto con su propuesta y no optara por contar una típica historia convencionalmente hollywoodense, moralista y edificante.

De hecho, logra evitar lo lacrimógeno y manipulador, y en vez de entregar un nuevo panfleto en contra de la intolerancia e injusticia, puede conmover aún más al espectador con esta producción en la que la compasión sólo aparece de manera esporádica -lo que la hace aún más potente- y que ofrece nuevas perspectivas al tan abordado tema de la esclavitud en el cine, propiciando la reflexión histórica y social. 

“12 años de esclavitud” no da respiro al espectador, y lo estremece y horroriza con las injusticias y tormentos, que en uno de sus varios aciertos fílmicos, contrastan con la bucólica belleza de los paisajes naturales en los que se desarrollan -gran trabajo del habitual director de fotografía de McQueen, Sean Bobbitt- y con el refinado ambiente de las mansiones de los dueños (espléndidos la dirección de arte y la ambientación de época, así como el vestuario de la veterana Patricia Norris, quien ha trabajado con cineastas como Brooks, Malick y Lynch).

Junto con el enorme talento y sensibilidad del director, la película es guiada con fuerza y entrega por su estupendo elenco, donde se lucen especialmente su protagonista Chiwetel Ejiofor, su actor fetiche Michael Fassbender (en un rol muy distinto a los dos largometrajes anteriores) y esa gran revelación que es Lupita Nyong’o. Impecables actuaciones que hacen todavía más inolvidable a este film sólido y devastador.
 
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