Columna del padre Hugo Tagle: Pruebas de blancura

Por Hugo Tagle

La salida de una subsecretaria y el cuestionamiento fuerte a otros dos por parte de la opinión pública regalan una buena visión de que las exigencias para con las autoridades han crecido. Y la vara parece ser la misma para todos, cualquiera sea el color político, lo que da mayor peso a las mismas. Quien quiera gobernar, ocupar un puesto de responsabilidad pública, debe dar razón de su competencia e integridad profesional. Ya no vale el “da lo mismo quién sea”. Junto con las competencias profesionales, se exige una hoja de vida saneada.

Habla bien de usted, querido lector, que coloque la vara alta a quienes tendrán la responsabilidad de decidir sobre aspectos de su vida. Es de toda lógica que se les pague por su tarea y, por lo mismo, que cumplan con estándares mínimos de buen comportamiento.

Se ha alegado que “se nos está pasando el tejo” en esto de pedir altos niveles de integridad moral. No es así. Lo mínimo es que la persona que va a administrar dineros públicos haya sido honesta con los dineros de otros. Será materia de tribunales dilucidar este punto y aclararnos si las personas propuestas tienen  finalmente un historial impoluto.

Ahora bien, nadie es imprescindible. Si Fulano o Zutano no cumplen con la medida de probidad que se exige para un cargo de responsabilidad, se reemplaza. Así de simple. La política es sin llorar. Si no se da el ancho, vendrán otros. Hasta ahora, en Chile, si se robaba una gallina se terminaba en la cárcel.

En cambio, si se roba una gran suma de dinero, se termina dando charlas en algún seminario de emprendimiento. No puede ser que seamos tan quisquillosos con los delitos pequeños y dejemos en nada los grandes; que nos obsesionemos en la persecución de pequeños delitos -cosa que está bien- y dejemos pasar otros actos delictivos más complejos, pero igual o más sancionables aún.

La exigencia de “blancura” está muy bien. Abunda y se tolera peligrosamente la frescura, por lo que bien nos hace ponernos más severos y exigentes al momento de elegir personas para cargos públicos.
Y una palabra sobre las recomendaciones de la ONU al Vaticano sobre las políticas eclesiales en la defensa de los niños. Lamento que no haya atendido bien a las severas medidas que ha tomado la Santa Sede contra los sacerdotes involucrados en delitos de pedofilia. Sólo entre el 2011 y 2012 se expulsaron 400 sacerdotes y muchos terminaron en la cárcel. La Iglesia católica ha sido ejemplar en la persecución de los delitos contra menores. La ONU se desprestigia al lanzar críticas irresponsables que sólo hablan de lo mal que se desempeñan sus funcionarios. Creo que también deberían hacer pruebas de blancura en sus oficinas.

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