Columna del padre Hugo Tagle: Contigo ¿pan y cebolla?

Por Hugo Tagle

Y celebramos San Valentín. Comencemos por las felicitaciones ¡Felicidades a todos los pololos, novios, matrimonios, gente enamorada de la vida!

Una buena oportunidad para reflexionar sobre esto de quererse que, la verdad, no se da tan bien entre los chilenos. Ya lo dicen las cifras: Las relaciones amorosas, muchas veces, pintan para café oscuro. Abunda lo frágil, inestable, lo provisorio, la falta de compromiso. Para colmo, aumenta la violencia en pololeos y noviazgos, que luego teñirá los espacios familiares. A pesar de las campañas alertando ante estas malas conductas, con el cartel del amor más aumenta que disminuye la violencia al interior de las relaciones amorosas.

Leí hace unos días una noticia “freak” a propósito del día de San Valentín: En vísperas de esta fiesta ¡aumenta notablemente el robo de chocolates! Así, como lo lee. Más de un enamorado quiere dar una sorpresa a su media naranja con una buena y llamativa caja de chocolates. Legítima la intensión. Lo triste es que los chocolates son … robados.

Cabe aquí la pregunta hasta qué punto amamos honestamente, sin caretas, sin vender imágenes; sin contarnos películas ni engañarnos mutuamente. Al amor le pertenece algo de exageración y artificio, es cierto. Pero no la mentira ni el doble estándar. Nada más ajeno al amor que buscar sorprender con lo que no se es, con méritos ajenos, con mentiras o cuentos. Y abundan los pololeos y noviazgos de pantomima, donde hay mucho de artificioso, falso,  plastificado. Muchos exageran en sus méritos académicos, laborales, en la armoniosa vida familiar que tienen, en las amistades que frecuentan. Se muestran muy cumplidores, atentos y educados. Y no pienso solo en los hombres. Pienso también en muchas mujeres que, por mantener una relación, son capaces de complacer hasta el martirio; de inventar aciertos y una vida que simplemente ni llevan ni les gusta.

El problema de los juegos de artificios en el pololeo es que terminan mal. La vida en pareja, el matrimonio, supone trabajo serio como para estar fantaseando.

La pregunta que cabe en este día es ¿Estoy dispuesto a renunciar a mi “yo” por el otro, a pasar estrecheces, asumir mayores responsabilidades, a “jugarme” por un proyecto común?

Hay un entusiasta dicho latino que habla de ese amor dispuesto a todo: “contigo, pan y cebolla”. Hay que estar dispuesto a todo tipo de renuncias y sacrificios para mantener y hacer crecer ese amor; para proyectarse en un camino común, a amar sin condiciones ni letras chicas.

“El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias” dice el Papa Francisco. Deseo a todos los enamorados – novios, pololos, esposos, religiosos – que renueven su amor y lo vivan honestamente. A quienes pololean o están de novios: sean honestos con el otro. Herir es fácil. Nada peor que el engaño o doble estándar.

Y regálense algo en este día. Eso sí, asegúrense que el regalo sea producto de su propio esfuerzo. Es el que verdaderamente vale.

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