Columna de Joel Poblete: Buena idea desaprovechada

Por Joel Poblete

A pesar de los prejuicios de más de un crítico o cinéfilo, y los recelos de quienes encuentran que ya basta con que sea una de las figuras más famosas y omnipresentes del Hollywood actual, desde la década pasada George Clooney ha estado desarrollando además una interesante, aunque todavía irregular, filmografía como cineasta.

Y hay que tener en cuenta que es sabido que el terreno en el que se mueven en Estados Unidos los actores que dan el paso a la dirección es incierto, y así como en los últimos 30 ó 40 años estrellas como Robert Redford, Warren Beatty, Kevin Costner, Clint Eastwood, Mel Gibson y Ben Affleck han logrado entusiasmar e incluso han convertido sus producciones en imanes para el Oscar, otros no han conseguido el consenso de crítica o público, por más que algunas de sus producciones hayan sido muy valiosas: en esa lista son muchos los nombres ilustres, desde Paul Newman, Robert De Niro, Al Pacino y Sean Penn, hasta Dennis Hopper, Tom Hanks, Jodie Foster, Tim Robbins e incluso Ben Stiller, de quien hoy sigue en cartelera “La increíble vida de Walter Mitty”.

Si hay que analizar el caso de Clooney, él pertenecería más al primer grupo, y hace rato que demostró que tiene talento y sensibilidad para esta otra faceta y que su paso a la dirección es mucho más que un capricho personal. Y sin embargo, da la impresión de que aún le falta un film absolutamente memorable: desde que debutara en 2002 con “Confesiones de una mente peligrosa”, lo más cerca que estuvo fue con la elogiada “Buenas noches, y buena suerte” y sus seis nominaciones al Oscar (incluyendo mejor película y director), porque ni “Leatherheads” -no estrenada comercialmente en Chile- ni la atractiva alegoría política “Secretos de Estado” convencieron por completo. Eso sí, se puede afirmar que hasta ahora no ha hecho ninguna película deficiente o que dé vergüenza ajena. Y su quinto largometraje, “Operación Monumento”, no es la excepción.

Por su elenco estelar y su temática relacionada con la Segunda Guerra Mundial y el rescate de legendarias obras de arte, el año pasado este título sonaba fuerte como candidato al Oscar, pero cuando su estreno se trasladó de diciembre a febrero, ya fuera del plazo para postular a la estatuilla, se despertaron las suspicacias de muchos. Y efectivamente, tras verla se entiende que los productores y el estudio decidieran no ir a la caza de los premios.

Basados en un exitoso libro de Robert M. Edsel que aborda los esfuerzos de un grupo de hombres que debían defender y en lo posible rescatar los tesoros artísticos y patrimoniales de Europa que los nazis querían capturar para el gran museo con el que soñaba Hitler, en su guión Clooney junto a su amigo y habitual colaborador, el también actor, guionista, productor y cineasta, Grant Heslov, tomaron una historia real con enormes potenciales cinematográficos, pero el resultado final no está a la altura de las expectativas.

Clooney no termina de encontrar el tono de su película, la que se sustenta en una mezcla atípica, ya que no es bélica del todo, a pesar del contexto en el que se desarrolla, y aunque las pocas escenas de acción funcionan, ni los momentos de humor ni cierta cuota romántica terminan de convencer. A lo largo del film se siente que no hay una fluidez y continuidad entre las escenas, o al menos algo que las una como un todo; el actor-director es correcto al filmar y acá adopta un estilo más clásico y de pulcra visualidad, aunque algo anémico en cuanto a ritmo e interés, pese a que en principio la idea era en verdad muy atractiva y ofrecía una perspectiva diferente de la Segunda Guerra Mundial.

A priori hay mucha humanidad y simpatía en los protagonistas y se supone que en muchos momentos debería haber emoción, pero algo impide empatizar del todo con ellos.

Por su factura fílmica, en la que se lucen la estupenda fotografía de Phedon Papamichael y la dirección de arte, da la impresión que Clooney quiso evocar el espíritu de populares epopeyas bélicas del cine clásico, como “Los cañones de Navarone” o “Los doce del patíbulo”.

Así queda claro con fragmentos como el reclutamiento inicial de los integrantes del grupo y la camaradería y los lazos que surgen entre ellos, así como con la deliciosa partitura del solicitado compositor francés Alexandre Desplat, que tiene como tema principal una contagiosa marcha al estilo de las películas de guerra del pasado (y un refinado e irresistible sonido francés para la relación entre los personajes de Matt Damon y Cate Blanchett).

Clooney cuenta con un gran reparto encabezado por él mismo, y como es por sobre todo un gran director de actores, logra que todos estén bien aunque ninguno tenga un personaje demasiado memorable, y todos parecen estar haciendo lo que hacen siempre, incluyendo a un desaprovechado Bill Murray y el ganador del Oscar por “El artista”, Jean Dujardin.

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