Columna de Joel Poblete: El mito se merece algo mejor

Por Joel Poblete

Figura legendaria desde que hace casi 200 años se diera a conocer en la espléndida novela de Mary Shelley, hace mucho que la criatura creada por el doctor Victor Frankenstein trascendió lo literario para ser abordado por distintas artes, convirtiéndose en un ícono del terror y además una inteligente y fascinante metáfora de lo que puede ocurrir cuando el ser humano traspasa los límites de la ciencia.

Y por supuesto que es en el cine donde la historia y sus personajes han dado origen a algunas memorables adaptaciones, con hitos como la versión de 1931 dirigida por James Whale y con Boris Karloff como el más emblemático intérprete del monstruo, pero también las versiones de la productora británica Hammer y la fallida y desbordada cinta que hace 20 años dirigió Kenneth Branagh, con él mismo como el científico, Robert De Niro como la criatura y Helena Bonham Carter, entre otros.

La pantalla grande también se ha prestado para interpretaciones más particulares y sui generis de la trama original, como la genial comedia que hace cuatro décadas dirigiera Mel Brooks, “El joven Frankenstein”, el entrañable cortometraje “Frankenweenie” de Tim Burton (que el mismo cineasta dirigiera como largometraje hace dos años) o el “Frankenstein perdido en el tiempo” (1990) del veterano Roger Corman.

En este apartado podría ubicarse este “Frankenstein” que ahora llega a la cartelera local, ya que se trata de un largometraje inspirado en la novela gráfica de Kevin Grevioux, quien además de actuar en un rol secundario, colaboró en el guión escrito por el director del film, Stuart Beattie.

Es por ello que la historia clásica de Shelley sólo aparece al principio en una suerte de breve prólogo, que concluye con el monstruo enterrando a su creador, el doctor Frankenstein.

Y es ahí donde la trama se va por otra dirección, convirtiendo a la película en un predecible vehículo de acción y efectos especiales, ya que la criatura se ve atrapada en un enfrentamiento que durante siglos ha dividido a las gárgolas encabezadas por la sabia reina Lenore, y los ángeles caídos que se han convertido en demonios y están liderados por el príncipe Naberius.

Rebautizado como Adam (Adán), el protagonista desiste de apoyar a las gárgolas y así vagará defendiéndose por sí mismo, desde fines del siglo XVIII hasta la actualidad, cuando vuelva a encontrarse con los “buenos” y los “malos”, y los planes del malvado Naberius, ahora encubierto como el millonario hombre de negocios Charles Wessex, quien está impulsando una serie de arriesgados experimentos científicos que permitan reanimar cadáveres.

En su segundo largometraje -tras la acá inédita “Tomorrow when the war began”-, Beattie cae en los mismos errores de otros proyectos en los que estuvo involucrado como guionista, como “Australia”, “G.I. Joe” o la saga “Piratas del Caribe” (eso sí, al menos hay que reconocerle que acertó en su guión para “Colateral”, de Michael Mann): historias flojas y de escaso vuelo, personajes que terminan convertidos en caricaturas, donde lo argumental termina sepultado por los excesos visuales.

Por supuesto que hay que entender que este “Frankenstein” es una producción comercial que sólo busca entretener sin alcanzar mayores profundidades, pero de todos modos los resultados son menos que discretos, e incluso a pesar de durar apenas una hora y media, se hace monótona y muy convencional.

Tampoco se entiende qué pudo atraer al proyecto a buenos actores como Aaron Eckhart, Bill Nighy y Miranda Otto, quienes si bien ya saben de previos filmes que dejaban mucho que desear, en general suelen elegir mejor sus papeles.

La película pasa sin pena ni gloria, sin destacar ni como adaptación de novela gráfica -pese a que algunos momentos están bien resueltos visualmente-, ni como versión de un mito que ha tenido mejores representaciones cinematográficas y se merece algo mejor si va a ser revisitado en la pantalla grande.

*Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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