Columna de Copano: "Anita Tijoux y la cura del odio"

Por Nicolás Copano

Está muy claro que vivimos en una sociedad enferma: haga el ejercicio de visitar los principales portales de noticias del país y observe atentamente los comentarios frente a cada titular político o entrevista de espectáculo. Amparados en el anonimato y la descarga y en la irresponsabilidad de medios de comunicación que confunden libertad de expresión con la banalización del odio circulan puteadas, xenofobia, chistes sobre el más débil, como un desfile de sicópatas libres y peligrosos esperando atacar. Los más audaces, con foto y nombre, con la empresa en que trabajan, la universidad a la que asistieron. Orgullosos portavoces del odio. Nuestros perros silenciosos esperando dispararle al que no es como ellos quieren que sea.

¿De donde vienen? Bueno, son los hijos del consumo de lo grotesco, de lo feo, de la puteada por la puteada. Son nuestros policías morales, son el gritito del montón. Son los estúpidos que trataron de “cara de nana” a Ana Tijoux como si eso fuese ofensivo. Como si las nanas fueran seres de segunda categoría. Probablemente el imbécil que lo hizo “de broma” creció con las animaladas del Portal del Web (hora de juicio cultural, por favor y sin miedo) o con los supuestamente cómicos sketchs donde le dicen “ella” a alguien que dice algo, como si ella, por ser mujer, fuese peor que ellos, con su masculinidad malentendida. Con su mediocridad de campeonato. Vomitivos sin duda. Irresponsables.

Estamos rodeados de odiosos, incapaces de comprender el mundo en que viven. Gente llena de miedo a descubrir lo que realmente son. Seres alimentados por la plata sin motivo y la infelicidad y el maltrato. Maltratadores maltratados desde pequeños.

Esos seres tienen secuestrado al país desde las esquinas de la televisión gritando peroratas sobre categorías sociales, como la doctora Cordero. Tienen tomada la palabra, amenazando que van a lanzarse por los que creemos en que la libertad responsable es el camino. Que asumir que el mundo no es nuestro ni de nuestros vecinos es lo correcto. Son los paladines que creen que “existiría una negativa moral común en Twitter” para tratar de sacarnos del debate, y encontrar que estaría bien tolerar a los intolerantes. A los que venden la idea de que no todos somos como ellos. Ellos, los que están trabajando por evitar el avance de las ideas en que las naciones crecen. En los que sienten que unos “no tendrían derecho” de tener voz más que los otros. Los que juegan con el “pero tú haces lo mismo” cuando en realidad lo que quieren decir es que está bien estar en un país a patadas. Los que no aceptan los puntos de vista. No pueden parar de pegar.

Una cosa a revelar sobre todo esto es que la culpa de la victimización y el debate poco adulto en el país es de estos promotores de odio mediático y sus policías morales en la audiencia que los han entrenado sin querer queriendo para detener todo lo que sea diferente. Obviamente porque nos han acostumbrado a la agresión y parece ser siempre nuestro primer acto ir en socorro del que llora más que descubrir por qué carajo llora. 

Y a veces hay tanta lágrima de cocodrilo, digamos, en circulación.

El odio está en todos lados: está en los del colegio que se fusiona con otro y rechaza la idea. Está en los que piensan que para mantener las cosas para su comodidad hay que seguir haciendo lo mismo y los que quieren que la verdad sea de su lado metiendo miedo. Diciéndole a la gente que si no hacen lo que ellos quieren “van a sacar las inversiones pues”, siendo que en los países donde se aplican medidas mas férreas que las promesas aguachentas del proyecto presidencial no han sacado un peso. Ellos son los que nos tienen secuestrados y desean que rindamos pleitesía a sus héroes de cartón, que busquemos encontrarles la razón en casi todo por tener familias más numerosas y casas más grandes que el resto, y que eso les da seriedad.

Por favor muchachos, ustedes que empujan el odio, los que quieren todo para sí mismos, y que han entrenado empleados del odio, ya no provocan miedo: ya van provocando risa donde vayan. Y se puede vivir sin depender de ustedes, de sus gustos y de sus ideas. Hay que renunciar al secuestro cultural: es sólo cosa de jalar el cable y vivir la vida. Es cosa de hacer click en otro lado y salir a caminar un rato. Se les puede ganar sin competir.

 

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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