Columna del sacerdote Hugo Tagle: "El Tsunami que no fue"

Por Padre Hugo Tagle / Capellán UC

Somos un país sísmico. Aunque tenemos bondades como un clima privilegiado que permite cultivos únicos en el mundo, grandes cantidades de agua, zonas ricas en minerales, un mar generoso, esta copia feliz del Edén, como lo cantamos en el himno nacional, tiene sus fallas de fábrica. No todo puede ser perfecto. Nos tocó una zona del globo que tiende a moverse más de lo que desearíamos.

Hemos ido tomando conciencia de que con la naturaleza, no se juega: hay que estar preparados para cualquier eventualidad, no solo con los terremotos. Pienso en las sequías de los últimos años o la falta de energía, que ya va pintando para café oscuro.

Los terremotos son y seguirán siendo parte de nuestra historia. Sus efectos los notaremos más. Hay más edificios, caminos, embalses. Por lo mismo, las precauciones serán siempre pocas. Se deberá ser más cuidadoso con las edificaciones en altura, las vías de escape, los paseos playeros ¿Debemos vivir sobresaltados? No, pero sí tomar todas las seguridades necesarias para abordar bien un evento trágico. Con serenidad y calma, hay que ser más previsores y precavidos que en otras latitudes. Solo así viviremos en paz.

¿Por qué la naturaleza es tan frágil e inestable? se preguntará usted. Si hay un Dios Creador y bueno ¿Por qué hizo el mundo tan imperfecto? No es así. La movilidad de la tierra, su aparente fragilidad, es señal de su vitalidad, de su energía. En Marte, planeta muerto, no hay terremotos ni huracanes. Los signos de vida de nuestro pequeño mundo conllevan costos que hay que saber asumir.

El punto no es si se mueve el piso o hay volcanes o tormentas. El punto es adaptarse bien a los cambios que su intempestiva vitalidad trae consigo.

Una lectura creyente de los signos de esta naturaleza veleidosa nos confirma que nuestro hogar definitivo no es éste; que la última seguridad la encontramos en Quien nos creó. La tierra, en su fragilidad, es un recordatorio constante de nuestra dependencia de Dios.

Estamos llamados a administrar y vivir en armonía con la creación. Eso significa también tomar los resguardos necesarios para hacer de esta convivencia fuente de alegría y no causa de horrores. Felicitaciones a los nortinos que nos dieron una lección de calma, disciplina y buena ciudadanía. Lamento, sí, el pillaje cobarde, que fue rápidamente frenado.

El Papa Francisco rezó por nuestra patria y, en una carta a Chile nos dice: “Pido a Dios que otorgue el eterno descanso a los fallecidos, consuele a los afectados por tan lamentable desgracia e inspire en todos sentimientos de esperanza para afrontar la adversidad”. Agradezcamos a Dios y a la Virgen del Carmen por su protección. Viendo la gravedad del terremoto, éste pudo haber ocasionado males infinitamente peores ¡Fuerza Norte de Chile¡ Que Dios bendiga a nuestra patria.

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