Columna de Copano: "Carta al bailarín del Metro"

Por Nicolás Copano

Aprovechando que este diario es de repartición gratuita en las calles y habiendo visto en internet cómo miles de chilenos han visto la secuencia en la cual usted anima su mañana danzando en la estación La Moneda, creo que ésta es la plataforma perfecta para dirigirme a vuestra persona en su condición de héroe anónimo y ejemplo social. Espero por supuesto no haber caído en una campaña publicitaria y sentirme objeto. Pero, ¡qué lata tener dudas! ¡Ya basta! Prefiero quedar como un niño, que dejar de emocionarme.

Tal vez no nos conozcamos nunca, pero me permito pensar en su persona. Confieso que he dedicado minutos y páginas a personajes infinitamente nefastos en mi vida, que ahora que lo pienso con el tiempo, no merecían tanto espacio. 

Es por eso que su figura es de equilibrio y deseo dedicar unas palabras. Usted es más transgresor indudablemente que quienes atacan a los que siempre nos generan daño. A esta altura es tan esperable que eso suceda, como que los malos sigan con sus objetivos y egoísmo avanzando. Eso mismo por supuesto nos ha vuelto insensibles, en cambio usted, es emotividad pura y dura.

Usted es un verdadero ícono de la libertad, permítame decirle sin ironía. Mientras hay tanta oveja esperando que su vida se extinga entre el consumo y el zapping su rebelión frente a la tranquilidad me genera la más noble admiración.

Otros usarán su “supuesta creatividad” en pos de reír socarronamente para encontrar superioridad con tal de encubrir lo miserables que son, no tengo duda que más bien usted se ríe de tanta pasividad, exudando felicidad y arte mientras otros miran la ventana del túnel oscuro que los conduce a otro paradero más en la vida. No tengo duda que se encuentra muchísimo más sano que esos seres oscuros y desatinados por supuesto. La noble poesía del hombre anónimo que disfruta su canción (espero que sea su favorita) y goza en la espera. Una espera que otros consideran el limbo a un infierno de deudas o un cielo de apatía donde pasan las horas, pasan los días y los recuerdos se acumulan en la nostalgia de lo que nunca fue.

Muchos plantearán que estoy exagerando. Yo no creo: el hombre que baila solo esperando el Metro es un ícono de que se puede salir del esquema. Y también pescar mucho menos tanta opinión gratuita. El que lo graba, de seguro sorprendido por el acto, es el que buscó desnudarlo para los amigos y acabó sin ropa: es sólo un observador de la acción. El resto de los que esperan en el vagón y nosotros somos los sorprendidos, los que disfrutan del blooper. Pero no hay blooper: el chascarro somos nosotros. Somos nosotros que estamos shockeados frente al que decide que nada importa. Al que no guarda la forma ni la compostura, al que se mete al bolsillo a una simulación de día a día que nos tiene infelices.

El hombre que baila en el Metro no sólo nos permite soñar con la posibilidad de alejarnos del cinismo que en nuestro país campea. También nos invita a olvidar la agresividad del “Pato” Yañez ya clásico y pensar que solamente en ese inocente acto de bailar está un gesto de batalla notable contra el día a día. Felicitaciones de corazón desde esta esquina del mundo.

Lo saluda atentamente, su servidor

Nicolás Copano.

 

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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