Columna vertebral de Felipe Avello: "Te admiro"

Por Felipe Avello

La primera persona por la cuál sentí profunda admiración fue por mi papá. No lo veía nunca, entonces más lo admiraba, como él trabajaba todo el día, nunca estábamos juntos, iba a almorzar a la casa muy apurado, dormía una siesta de cinco minutos, y volvía a trabajar, y en la noche llegaba muy tarde. Luego vino mi admiración por Florcita Motuda, nunca había visto alguien tan loco en la televisión, era como un dibujo animado de carne y hueso, me gustaba mucho más que Fernando Ubiergo. Por aquella época admiraba también a un tío que vivía con mi familia y que era muy mujeriego, borracho y por sobre todo divertido, fue a la primera persona en mi vida que vi ebria. Llevaba mujeres a la casa y cuentan que tuvo viviendo en el sótano de la casa de mi abuela, a una de sus amantes, dicen que la muchacha pasó meses sin ver luz natural. Esos fueron mis primeros modelos.

Pasó el tiempo y dejé de admirar a la gente de mi entorno, para concentrarme en personajes famosos: Hermógenes Conache (por cómico), Jim Morrison, Kurt Cobain, incluso traté de dejárme el pelo como él, sin tomar en cuenta lo chuzo de mi cabellera; Felo (años después lo dejé llorando), Eduardo Bonvallet, Violeta Parra, Alberto Fuguet, Julio Cortázar, Beto Cuevas, Hernán Rivera Letelier (ordinario), Jorge Luis Borges, Alfredo Lewin, Víctor Pelo Verde, Víctor Jara, Jaime Bayly, Nicanor Parra, Mario Kempes, Roberto Bolaño, Jorge González, Francisco Kaminsky, Álvaro Henríquez, Diego Maquieira, Paloma Aliaga, el vocalista de Los Auténticos Decadentes (no le sé el nombre), Charlie Sheen, Felipe Brown, Robert Dowley Jr., “El Rumpy”, Robert Smith, el inspector Vallejo, Gabriel Boric, Morrisey, Giorgio Jackson, Cosmo Gonik, Javiera Mena y el vocalista de Babasónicos, entre muchos otros. 

Han pasado los años y ya no admiro a nadie. Incluso hay gente que se me acerca y que me dice que me admira a mí (qué pena). Gracias a salir en la televisión conocí a muchos de los que admiré en algún momento y la mayoría, fíjense, me decepcionó. No eran como yo pensaba, o eran como yo pensaba, pero yo ya no pensaba como en en el tiempo en que los admiraba. Al único que sigo admirando, aunque pasen lo años, es a mi papá, porque a ese viejo mala clase no lo veo nunca.

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