Estos son los peores clichés de la literatura adolescente

Por Luz Lancheros

Vampiros brillantes, niñas cuasi perfectas en ambientes totalitarios. El sexo es postmatrimonial y a veces oscila entre lo tabú y lo violento. ¿Se sienten viejos? Aquí hacemos una comparación y hasta una guía para entender lo que leen los adolescentes de hoy. Quizá hasta puedan dejar de odiar a Edward Cullen.

-La mayoría de las protagonistas son sonsas. Y sosas. Hay una categoría propia para este tipo de mujeres en la creación de literatura: Mary Sue. Era un personaje tan perfecto, tan bello y tan dedicado al personaje con el que quería entablar una relación, que es insoportable. Bella Swan es un ejemplo. No brilla por sí misma, ni toma las riendas de nada. Casi se muere sin su Edward. O Anastasia Steele, fascinada por Christian Grey. Claro, hay excepciones como Tris, de “Divergente”, y Katniss Everdeen, de “Los Juegos del Hambre”.

-Los protagonistas son bonitos, sensibles y delicados. En esta categoría caben casi todos. Olvídense del humor corrosivo de un Tyrion Lannister en “Una canción de hielo y fuego”, o del comportamiento errático de una Holly Gollightly en “Desayuno en Tiffany´s”. La mayoría de héroes de las novelas para adolescentes son políticamente correctos. Si no lo son, siguen siendo físicamente perfectos. Todo para que los amen, y de ahí no tienen más profundidad. Incluso personajes como Gale y Peeta Mellark, pretendientes de la protagonista en “Los Juegos del Hambre”, caben ahí.

-Los adultos, ¿dónde están? Los personajes con más edad son los “malos muy malos” y pueden permitirse todos los comportamientos que los sosos protagonistas adolescentes no. Haymitch, en “Los Juegos del Hambre”, es un borracho. Los clanes en “Crepúsculo” pueden permitirse ser malos, violentos, tontos y erráticos. Los protagonistas no.

-Casi nadie es realmente violento. Claro, en “Divergente”, “Los Juegos del Hambre” y “Crepúsculo” la acción nace de la necesidad de defenderse. Pero nadie golpea a nadie porque sí (por lo menos no los protagonistas). En “50 sombras de Grey” a Christian le gusta el sadomasoquismo porque es su preferencia. Mejor dicho, nadie da sopapos porque sí. Todo es arregladito, consentido o por luchar contra el mal.

-Los ambientes totalitarios pretenden darle profundidad a la trama. ¿Orwell se revolcaría en su tumba? No lo sabemos, pero el totalitarismo de “Divergente” y “Los Juegos del Hambre” son un desarrollo más “cool” y con más acción, y obviamente, con un ambiente mucho menos deprimente que el de “1984”. Al final todos matan a los malos (con muchas pérdidas y locura en el proceso).

-Lo sobrenatural es un chiste. Hoy por hoy, los únicos vampiros que salvan a su especie de no perder la dignidad son Adam, interpretado por Tom Hiddleston en “Only Lovers Left Alive”, y Eric, interpretado por Alexander Skaarsgard en “True Blood”. Ni las brujas, ni los vampiros tienen ese elemento maligno primigenio y existencialista de otras obras. Son adolescentes sureños que no se comen a nadie, ni matan a nadie por creerse dioses o por el mero placer de hacerlo. Los vampiros brillan…

-S.E.X.O. Bailes y anillitos de castidad.  En “50 sombras” todo es con contrato. Que también establecen Edward y Bella luego de casarse (sí, allá no es como “True Blood” donde Bill y Sookie hacen el amor en cementerios y demás). A veces el sexo puede ser muy violento, pero también puede involucrar sentimientos. De hecho, no hay sexo casual sin remordimientos.

-Los nombres. Sí, los nombres.  Plutarch Heavensbee. Corolanius Snow. Tobías Eaton. Nombres de personajes de “Los Juegos del Hambre” y “Divergente”, respectivamente, sin contar los que hay en sagas como “Harry Potter”. Nombres antiguos y rimbombantes con apellidos aún más rebuscados.

-Olvídense de Proust, esto es para dummies. No le echen mucha cabeza como en “Rayuela” o cualquier clásico de la literatura. Nadie ha escrito de forma tan sencilla.

 

 

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