Columna de Raúl Sohr: "La amenaza del cambio climático"

Por Raúl Sohr / Analista Internacional
Al margen: El impacto para Chile
El cambio del régimen de lluvias resultante del cambio climático ya es un dato de la causa para los agricultores. Aumentan las viñas y empresas frutícolas que adquieren tierras en regiones australes en busca de agua y que huyen de la desertificación. Un beneficio, sin embargo,  podría provenir de la migración de peces en pos de aguas más frías. A medida que la temperatura del mar aumenta en los trópicos hay un desplazamiento de muchas especies hacia los polos a razón, en algunos casos, de hasta 400 kilómetros por década. Ello podría redundar en aumentos de  30 a 70 por ciento de la pesca. A su vez los trópicos verán mermada su riqueza ictiológica.
 

Las posibles víctimas de la subida de los mares crecen sin cesar. En la actualidad 271 millones de personas, que habitan en ciudades costeras, están expuestas a  inundaciones marítimas.  Para el 2050 se estima que al menos 345 millones podrán ver anegadas sus residencias. Pero no es una hipótesis distante pues ya Nueva York, una de las urbes bajo riesgo,  experimentó grandes pérdidas con el huracán “Sandy” en 2012. La destrucción del  evento climático tuvo un costo de 60 mil millones de dólares.

Anticipando nuevos embates la Comisión de Servicios Públicos ordenó a la empresa eléctrica Consolidated Edison la inversión de mil millones. La ciudad ya ha ordenado a la empresa eléctrica inversiones por mil millones de dólares para proteger sus instalaciones.  

El repertorio de calamidades ocasionadas por el cambio climático es sobrecogedor. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (PICC), de Naciones Unidas,  viene de evacuar su último informe en la ciudad japonesa de Yokohama. Es un trabajo en el cual participaron representantes de 115 países.

Como es habitual los economistas se apresuran a confeccionar modelos sobre el impacto que representarán los cambios para el Producto Interno Bruto (PIB) de los países. Las pérdidas, se señala, oscilan entre 0,2 y 2 por ciento anuales.  Pero el PICC estima que el PIB es un mal instrumento para medir los daños ocasionados por el cambio climático.  Como un indicador de ingresos da una ponderación inferior a los sectores más pobres que son los más vulnerables. Por lo tanto no permite proyectar los profundos desajustes sociales provocados por eventos catastróficos. Ni menos aún las consecuencias políticas de la pérdida de cosechas y el encarecimiento de los alimentos. 

El PICC reitera que la causa fundamental del calentamiento global son las actividades humanas y la más importante es la emisión de gases de efecto invernadero entre la que destaca el dióxido de carbono, CO2, y hasta ahora no se  logra frenar este proceso que se torna irreversible.

Desde el fracaso de la gran conferencia climática de Copenhague, en 2009, se multiplican las advertencias científicas pero no sin una reacción efectiva por parte de los estados para poner coto al deterioro. Una tras otras las reuniones internacionales culminan sin resultados. Cada gobierno vela por sus respectivos intereses nacionales y nadie asume la responsabilidad por el deterioro del planeta.

En Alaska el derretimiento de hielos costeros permite que grandes olas causen una rápida erosión que obliga a evacuar aldeas. En Bangladesh las aguas desplazan a un número creciente de pescadores de sus caletas.

En Pakistán los deshielos del Himalaya dejaron 20 millones de personas desplazadas en tanto que incendios arrasaron vastas regiones de Australia.  Las proyecciones del PICC advierten que en la próxima década las cosechas de trigo rendirán un  dos por ciento menos a lo largo del mundo. Todo indica que  habrá que pasar por situaciones aún más traumáticas antes que la opinión pública mundial reconozca el tema como una prioridad política.

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