Columna de Varinia Signorelli: "Incendios en Valparaíso: ¿Qué hacer?"

Por Por: Varinia Signorelli / Sicóloga

No existe una fuerza natural más devastadora que la del fuego. No existe porque la capacidad de destrucción no puede imaginarse, solamente conocerse cuando lamentablemente lo vivimos. Sin duda lo vivido en Valparaíso es una gran catástrofe, de esas que nos han sucedido antes en formas similares, aunque al parecer no tan violentas y devastadoras como en esta oportunidad, pero que continúan repitiéndose una y otra vez, casi como síntoma. Parece como si fuera ayer lo vivido en el verano de 2013, en donde también incendios afectaban la zona.

Si bien son hechos que han sucedido antes, nunca estamos preparados para una situación de tal magnitud. Aparecen sentimientos encontrados porque puede que exista una sensación debido al “haberse salvado” y estar vivos, sin embargo el ver todo lo que se ha perdido no nos permite valorar el verdadero sentido de continuar.

¿Cómo se puede sobrellevar una situación de esta magnitud? La verdad es que la función del otro que nos ayuda es fundamental: desde los bomberos que han socorrido desde el primer momento como también el albergue que se establece rápidamente, el país que se moviliza para ayudar y todas las muestras de empatía no son un tema menor.

Cuando una persona lo ha perdido todo, siente que una parte de su propio yo se ha empobrecido, el que aparezca otra persona y sea capaz de brindar contención y apoyo permite que poco a poco la resignación se instale para luego dar paso a la pena que podrá canalizarse en lucha posterior y ganas de reconstruir y reconstruirse al fin y al cabo.

¿Entonces qué podemos hacer para apoyar a las personas damnificadas de Valparaíso? Una ayuda desorganizada o una acción personal no es tan eficiente como una propuesta en conjunto con una logística clara y tiempos de acción determinada: es decir, si vamos a ayudar debemos saber bien cómo, con qué y movilizarnos en grupos (juntos somos más y ayudamos más) que actúen de la misma manera, si no vamos a entorpecer o a consumir recursos del lugar afectado.

Una ayuda valiosa y significativa sería, por ejemplo, apoyar a personal de Bomberos u otros que estén prestando ayuda organizada para que cuenten con todo lo necesario para seguir aportando (agua, comida, etc.). Cuando propiciamos que las condiciones para ayudar sean las mejores (cuidando el capital humano y el entorno) tenemos terreno ganado.

Otro punto fundamental, es recordar que como seres humanos que somos, necesitamos un poco más que abrigo y alimento para sentirnos contenidos. Es importante entonces que podamos empatizar con las personas afectadas, que podamos prestar oído y dar un poco de nuestro tiempo a acompañar, hablar, leer, distraer y contener cuando sea necesario.

Debemos tener en cuenta que nuestros niños sufren en demasía, los niños sienten que no pueden ayudar, no entienden bien las cosas (porque nadie se las explica), pero perciben el miedo y el dolor de sus seres queridos. Mantener a la familia unida, mantener la comunicación, escucharnos, atender al que está débil, atender al que ayuda al débil, no olvidar a nuestros niños, pensar en el aquí y en el ahora (ya habrá tiempo para pensar en el futuro), ayudar a reconstruir la confianza en sí mismo de cada una de las personas damnificadas permitirá que poco a poco establezcamos cimientos en las cientos de familias que tienen que recomenzar con sus vidas.

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