Columna vertebral de Felipe Avello: "Mis vecinos"

Por Felipe Avello

Tengo 14 años. Es febrero del año 1988 en Concepción. Hace calor. A mi madre no le caen bien los vecinos. Los encuentra ordinarios. Ponen música fuerte. tienden la ropa en el cerco. Hacen fiestas y se curan, y orinan en el cerco. Sí, son ordinarios. 

El hijo del vecino tiene mi edad. Nunca he conversado con él. Es como medio raro, no sé, como ido. Lo he visto caminar, y es medio cojo. Esa mañana tocan el timbre de mi casa. Miro por la ventana, y es el hijo del vecino. Mi mamá me dice que no le abra. No me parece bien eso. Desobedezco y le abro igual. Es tímido, y según puedo ver de reojo, efectivamente tiene una pierna más corta que la otra. Me pide una pala. “Por favor vecino, es que estoy jardineando, me mandaron”. Sonríe. De su encía se desprende un hilo de baba. Le digo que espere. Cierro la puerta. Mi mamá me dice que le diga que no tenemos pala, y que se vaya. Vuelvo a abrir. “No tenemos”, le digo. Mentira, sí tenemos. Tenemos cinco palas, de diferentes tamaños, para todo tipo de usos: grande, mediana, chica, cóncava y con filo en la punta, para sacar raíces. Lo que pasa es que mi papá tiene una ferretería, y vende artículos de jardinería. Por supuesto, no le digo nada de eso. “No tenemos”, le repito. “Lo siento mucho vecino”. Mi mamá me dice que cierre la puerta. Obedezco.  

Media tarde. Hace más calor. El hijo del vecino corta el pasto y saca la basura de su jardín. Lo castigaron. Le pegó a su hermano chico. 

El pasto que corta y la basura que saca la junta en un montoncito, al cabo de una hora ya es un montón grande. Piensa en ir a botarlo al río, pero si va caminando, se demorará toda la tarde. Piensa en enterrarlo, buena idea. pero cómo, no tiene con qué. Decide quemarlo. Con cuidado. Lo enciende. El montoncito se prende. El fuego crece. Se prende el pasto del jardín. La llamas aumentan. Las llamas se pasan para nuestra casa. Se enciende el cerco, Se enciende el pasto del jardín de mi casa. Se prende mi casa. Se quema mi casa. 

Alcanzamos a salvar un par de cosas. No hay seguros comprometidos. Le debimos haber prestado la pala. Lo único bueno es que al día siguiente salimos en la portada del diario El Sur. Mi mamá había tenido la buena idea de sacarnos una foto, la última del rollo, en medio del incendio, con la casa quemándose detrás. Al hijo de mi vecino, en tanto, le dieron tres años y un día. 

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de publimetro

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