Gabo: el escritor, el subversivo, el periodista y el buen amigo

Adiós. El más grande exponente de la literatura colombiana escribió su última página: “...y todo lo escrito por él, será irrepetible por siempre...”

Por Publimetro

Aunque la mayor parte de sus días los vivió en México, su acento y su estilo nunca perdieron ese aire costeño, ese que lo remontaba a Aracataca, un pequeño pueblo perdido en el Magdalena Medio que fue, además de su casa, la inspiración de sus libros.

Gabriel García Márquez nació, según los registros, el 6 de marzo de 1927. Pero el Gabo que conocemos surgió años después cuando se hizo periodista, de esos que acompañaban una tarde de bochorno en Barranquilla con un café bien cargado, buscando historias para el diario El Heraldo. En esa época, su amigo Eduardo Zalamea Borda, otro astro de las letras colombianas y en ese entonces subdirector del periódico El Espectador, lo apodó ‘el Gabito’.

En el colegio sus amigos lo llamaban ‘el Viejo’ porque siempre estaba ensimismado en sus libros y no era muy diestro en los deportes. Estudió en el Liceo Nacional de Zipaquirá. Más allá de los romances juveniles, Gabo se enamoró de los libros, hasta el punto de enfrentar a su padre porque se rehusaba a estudiar Derecho. 

“Quiero escribir libros como las narraciones de mi abuela, extraordinarias, relatos que de repente tenían cosas sin sentido añadidas al cuento”. La historia no se quedó en palabras y se hizo novela con Cien años de soledad, su libro insigne y la obra más recordada en el mundo. Traducida a más de 10 idiomas, rompió con el esquema narrativo y le dio un nuevo rumbo al realismo mágico. 

Del amor y otros demonios 

Su amor eterno lo conoció a los 13 años, amor de niño, de adolescente y de viejo. Mercedes Barcha, una inteligente y bella costeña se robó el corazón del pequeño Gabo y ha sido su amor y compañera de toda la vida. 

Demonios tuvo más de uno. Su rechazo al imperialismo de los Estados Unidos y su amistad con el líder cubano Fidel Castro, que él calificaba como ‘amistad literaria’, lo llevaron a ser tildado de subversivo y de financiar al grupo guerrillero M-19, hasta que tuvo que pedir asilo en México. 

Más que un demonio, Gabo se ganó un enemigo. En una de las peleas más reconocidas de la literatura universal, Gabo discutió con el escritor peruano Mario Vargas Llosa, en ese entonces su amigo. De la discusión se ha dicho mucho y se sabe poco. La versión más contada es que la gran amistad acabó por un affaire no reconocido. La esposa de Vargas Llosa, Patricia, le confesó a Gabo que su esposo le era infiel, a lo que dicen que el colombiano le dijo que se vengara de su esposo. La supuesta infidelidad nunca confesada por ninguno, se fueron a los golpes en un aeropuerto en Barcelona y acabó con la amistad de estos grandes. 

Hoy Colombia y el mundo se despiden de un hombre que soñó con lugares sin tiempo y personajes destinados al olvido, pero que gracias a la literatura lograban ser inmortales. Gabriel García Márquez se despide de este tiempo, pero su legado será más extenso que la vida de sus personajes, será más importante que los logros de sus héroes y será más grande que los mundos que imaginó. 

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