Crónica: El mozo que no conocía al Gabo

Por Miladys Soto Rodríguez

Israel Flores ha trabajado como mozo en la casa que queda justo frente a la residencia del Gabo durante 10 años. Sin embargo, desconocía la importancia literaria y periodística del autor de Cien Años de Soledad. Ante la noticia de su muerte, cuando el lugar estaba lleno de periodistas internacionales, Flores fue el único parado en el techo de una casa, con cámara en mano, documentando, desde un lugar privilegiado, la muerte del premio Nobel de Literatura.

Yo no sé nada de él“, confesó el hombre, que aprovechó la avalancha de fanáticos y de prensa local e internacional para vender refrigerios. Al preguntarle si al menos sabía que el vecino de sus jefes era alguien importante, asintió con la cabeza. Flores agregó que no sabe de fotografía, pero que “le gustaría aprender”. El mozo tampoco perdió la oportunidad de pasarle su cámara a uno de los fotógrafos “reales” que había en el lugar para pedirle que le tomara una foto con esta servidora. Así que accedí a tomarme la foto. Al fin y al cabo, Israel me había regalado esta historia que les cuento. Ya lo dijo el Maestro una vez: “Aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo“.

Retomo mi historia. Israel contó que tuvo la oportunidad de conocer a García Márquez en su último cumpleaños, que fue el pasado 6 de marzo. “Nomás lo saludé” , comentó el mozo, quien agregó que lo había visto en múltiples ocasiones, pero que fue en ese momento que pudo estrecharle la mano.

Una vez terminada la plática, Israel volvió a sus menesteres, pues tras la larga jornada todos estaban buscando algo que comer y la tienda más cercana realmente quedaba muy lejos como para apartarse de la cobertura. El mozo continuó su camino: “¡Cocas, aguas, papas!…” .

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