Pablo Rodriguez: Voto de los chilenos en el exterior

Por Pablo Rodriguez

La legislación sobre el voto de los chilenos en el extranjero establece que éstos podrán hacerlo en elecciones presidenciales, primarias presidenciales y plebiscitos nacionales, quedando excluido cualquier otro proceso electoral. Para poder votar, deberán obligatoriamente inscribirse en un registro, el cual será válido para otras elecciones sin tener la necesidad de hacerlo cada vez que haya una nueva elección. Además, una ley orgánica establecerá el procedimiento de inscripción y regulará el proceso electoral.

Como suele suceder ante reformas de esta envergadura, los puntos anteriormente señalados han generado críticas desde varios sectores. Por un lado, una parte del oficialismo y sectores afines a la Nueva Mayoría cuestionan que el voto no sea para todas las elecciones que se efectúan en el país. Por otro lado, principalmente la UDI ha enfatizado que quienes quieran votar tendrían que inscribirse cada vez que haya una nueva elección. 

Sin embargo, en el mundo no hay una receta única a la hora de establecer el voto desde el extranjero. En algunos países pueden votar solamente en las elecciones presidenciales y en otros, además de las presidenciales, pueden sufragar en elecciones legislativas, locales, y/o plebiscitos. En todo caso, el mínimo lo constituyen las presidenciales.

Asimismo, en ciertos Estados piden cumplir con ciertos requisitos a sus ciudadanos, como por ejemplo haber estado en el país dentro de un plazo determinado. Si miramos la realidad latinoamericana, veremos que la mayoría de los países permiten el voto desde el extranjero, pero también con diferentes modalidades.
 

Donde sí debiera ponerse especial énfasis es en la organización del proceso electoral y las debidas garantías de un evento de estas características. Por ello, sería positivo que la Alianza comprometa al Gobierno de Bachelet a realizar una adecuada implementación de la reforma. Porque a nadie podría molestarle que haya más participación.  
En estos últimos años las reformas políticas se han instalado en la agenda de nuestro país. Primero, se aprobó la ley que estableció la inscripción automática y el voto voluntario. Luego fue el turno de la ley de primarias, seguida de la elección directa de los consejeros regionales.

Ahora la discusión está centrada en el voto de los chilenos en el extranjero, y en algunas semanas más, el debate será en torno a la reforma o cambio al sistema binominal.
Por mucho tiempo el descuido en estas materias fue evidente. Mientras tanto, aumentaba la desconfianza de las personas hacia las instituciones (principalmente a los partidos políticos y el Congreso), bajaba la participación electoral (desde antes del voto voluntario), y las movilizaciones sociales ponían a prueba la capacidad del sistema político para enfrentar las demandas de la ciudadanía.
Todas estas reformas tienen un elemento de fondo en común: el reconocimiento por parte de la clase política de que es necesario fortalecer la calidad de nuestra democracia. Pero, ¿los remedios serán suficientes?  

 

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