13 razones por las que la gente odia a los políticos

Por Luz Lancheros

Ay, la política. Un tema de eterno debate que causa conflictos, guerras y, en muchos casos, decepción. “Cuando se es gobernante se deben hacer cosas impías”, decían en un gran best seller de por ahí. Pero ¿hasta dónde puede llegar un político para irritar a sus gobernados? Vean las causas por las que la gente se molesta a menudo con aquellos personajes.

1. Porque la mayoría son “poco inteligentes”

El acceso a la educación, sobre todo la de alto nivel, no garantiza del todo proyectar una imagen lúcida, prudente e inteligente. La mayoría de políticos se preparan en instituciones prestigiosas a nivel mundial, como Harvard, Princeton y Yale. Por eso es inconcebible para el ciudadano de a pie que suelan cometer grandes burradas en redes sociales que ofenden a un montón de gente que hubiese votado por ellos. Por ejemplo, sugerir que electrocuten a estudiantes y mandar al infierno a escritores ilustres; o decir que las mujeres merecen ser golpeadas y violadas; incluso confundir estados y países a lo George Bush o el mexicano Enrique Peña Nieto.

2.  En serio, son muy “poco inteligentes”

El ex presidente chileno Sebastián Piñera y sus palabras confusas (sí, “marepoto”), Peña Nieto y sus tristes lecciones de geografía o Nicolás Maduro comparando la presencia de su predecesor muerto con cada cosa que pasa, son una muestra de lo que se elige en América Latina. Tranquilos, Hollande yendo en moto a donde su amante y Bush diciéndole al expresidente brasileño Cardoso que si en su país “también hay negros”, son caso aparte. ¿Ya hablamos de la ortografía de otros por Twitter?

3. Porque los que son “poco inteligentes” tienen todo el poder y siempre votarán por ellos

Estas personas, aparte de prepararse en grandes universidades, cuentan con maquinarias partidistas. Son “delfines” que heredan todos los votos y el apellido de aquellos quienes fueron presidentes o ministros, sobre todo en nuestro continente. Pero no solo eso. A pesar de hechos cuestionables de su gestión, como pasó con Bush en su primer periodo o al colombiano Álvaro Uribe en el suyo, las personas los reeligieron. El huracán Katrina desinfló al exmandatario estadounidense, al develarlo como un líder incompetente a la hora de prevenir desastres (entre otras muchas cosas que Michael Moore y sus documentales se han empeñado en mostrarle al mundo).

En el caso de Álvaro Uribe, su segundo periodo terminó en escándalo, y hoy es severamente cuestionado por su apoyo al paramilitarismo (autores de varias masacres en Colombia), las relaciones turbias de su gabinete, y los negocios de sus hijos. ¿No hay otros en la contienda? Lamentablemente, no.

4.  Porque las contiendas siempre están entre los mismos

Para nadie es un secreto que muchos políticos y sus opositores están relacionados. Sea por parentesco, por trabajo o por negocios. Si no pueden ocupar cargos públicos, hacen que elijan a sus hijos, esposas o nietos, como sucede en Colombia y México sin ningún tapujo. Los hijos de sus amigos, o bien sean sus amigos, son quienes ocupan cargos en sus gabinetes o altas consejerías. Todo queda en familia

5. Porque venderían a su madre para que los elijan

Un candidato en campaña, así sea el mismo demonio, prometerá el cielo si es necesario.Y no solo eso: aparte de regalar comida y puestos de trabajo, también se atreven a bailar canciones como el “Aserejé” (al estilo de Álvaro Uribe, cuando apoyó a un candidato para la Alcaldía de la capital de su país y eso no le sirvió para ganar). Pueden trotar así se vean ridículos, como Peña Nieto , o posar leyendo el periódico en el inodoro al entregar casas para las clases humildes, como Juan Manuel Santos. Todo sea por la popularidad.

6. Porque los buenos están en otro país

¿Cuántos quieren tener a un José Mujica gobernando a su país? Tranquilos, no todos al mismo tiempo.

7. Porque abusan del nombre de Jesús

Si Jesús demandara a cada político que abusa de su nombre y lo gasta sin piedad en su discursos trasnochados, sería más millonario que Bill Gates y Amancio Ortega juntos. Alejandro Ordóñez es un funcionario público a quien odian en Colombia por invocarlo para sus acciones, como negarles derechos fundamentales a la comunidad gay. George Bush, en sus discursos para incentivar la Guerra de Irak en 2003, también acudió a este tipo de fundamentalismo. Ni qué decir del político que criticó a Shakira por su video con Rihanna.

8.  Porque los que menos corren, vuelan

A la mayoría los eligen por su carita de “yo no fui”, o porque dan una imagen de Mesías moderno o de héroe del día. Y resulta que no. Prometer maravillas en campaña es fácil, en el poder se olvidan porque así es el juego político: no funciona sin alianzas y sin cambios que administrativamente son torpes y lentos. Obama fue Nobel de Paz y prometió no involucrar a Estados Unidos en conflicto alguno, pero ante la crisis Siria no dudó en bombardear, a pesar de que se lo impidieron, por ejemplo. Otros, que quisieron verse como la renovación en sus cargos, terminaron decepcionándolos a todos por sus escándalos de corrupción. Esto sucedió con la izquierda en Colombia cuando ocupó la Alcaldía, y se destaparon escándalos de corrupción.

9. Porque con el poder son un desastre

Algunos llegan con grandes ideas y son todo un embrollo a la hora de gobernar, cometiendo verdaderos fails administrativos. Esto ha sucedido con el actual alcalde de Bogotá, Colombia, Gustavo Petro, cuyo drama es internacional por ser restituido y destituido, y por tener una imagen contradictoria ante los resultados de su gestión.

10. Porque se hacen ricos haciendo nada

Un político en Colombia gana 32 mil dólares mensuales, y en Chile son 14 mil. Mucho más de lo que un colombiano o chileno de a pie ganan con su salario mínimo. Es justo que por lo menos sean propositivos en los debates de proyectos de ley. Pero las listas de ausentismo son preocupantes. Algunos políticos incluso se duermen en los debates. No es justo.

11.  Porque la pasan en grande a pesar de mostrar otra cosa (y con su dinero)

Berlusconi es un gran ejemplo de lo que puede hacer un político para “divertirse”. Mucho peor, lo que hizo el esalcalde de Nueva York, Eliot Spitzer, con su servicio de scorts. Todos se vendieron en campaña como esposos y padres ejemplares, pero sus líos de faldas y escándalos de corrupción pudieron más. La gente se enoja cuando se saca del erario para diversiones que no aportan en nada a su bienestar y que no son comunes para el resto de los mortales. Que lo diga Imelda Marcos y sus montones de zapatos, por ejemplo.

12. Porque igual, se saldrán con la suya

Si han hecho algo muy grave tendrán grandes lujos en su celda y les rebajarán la pena hasta llegar a algo ridículo, como en el caso de los Nule, quienes se robaron un montón de dinero en Colombia que era para construcciones. Otros serán nuevamente elegidos, y los que ya no puedan continuar en la política se irán de embajadores, o disfrutarán de un retiro dorado en un país libre de impuestos que no hace muchas preguntas. Los dictadores y sus descendientes, como en el caso de Leonidas Trujillo, son un ejemplo vivo de ello.

 

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