Columna de Juan Manuel Astorga: "Cambio al binominal: del dicho al hecho"

Por Juan Manuel Astorga: Conductor y Editor de Radio Duna

Si se materializa, ésta será la reforma más ambiciosa que haya tenido nuestro sistema político desde el retorno a la democracia. Se trata de terminar con el famoso binominal. Al firmar el proyecto y enviarlo al Parlamento, la Presidenta Michelle Bachelet dijo que “el sistema binominal no solo debe ser cambiado por la herida que representa su origen, porque distorsiona y subrepresenta a las mayorías, (sino) porque condena a una nación al empate permanente”. “El sistema binominal debe terminar porque es hoy un obstáculo para la integración, el pluralismo y la representatividad plena de nuestra patria”, agregó la mandataria.

Para hacer digerible lo que muchos intuyen pero no necesariamente comprenden bien, expliquemos primero cómo funciona el binominal. Este sistema obliga a que los candidatos al Congreso vayan en listas (o nóminas) y elige como legisladores al más votado de  las listas que hayan obtenido las dos primeras mayorías. Cada lista lleva dos candidatos de un mismo sector y, la suma de ambos es la que se considera para definir si esa nómina fue o no la más votada. Por ejemplo, si la lista A suma un 58% de los votos porque un candidato obtuvo 30% y el otro 28%, y la lista B un 35%, porque un postulante tuvo 20% y el otro 15%, ganan el más votado de las dos listas más votadas. Es decir, el de la lista A que obtuvo un 30% y el de la B que sacó un 20%. El sistema se muestra injusto, porque el candidato de la lista A que tuvo un 28% no pudo ganar, aún cuando obtuvo más porcentaje que el de la lista B que ganó con apenas un 20%. Agreguemos a ese escenario el hecho de que a los independientes, que van solos en una lista, se les hace casi imposible triunfar porque no tienen compañero de nómina que les ayude a sumar votos. Vale decir también que si en el porcentaje de votos una lista dobla a la que le sigue, ganan los dos candidatos de la primera nómina. Es un escenario poco común, pero no imposible. 

La propuesta del actual gobierno busca acercar nuestro sistema a uno proporcional. La iniciativa sugiere aumentar el número actual de 38 senadores a 50, lo que se traduce en un incremento del 31% de miembros de la Cámara Alta. En el caso de los diputados, pasarían de ser 120 a 155, lo que significa un 29% más de parlamentarios. Pero la idea no es solo aumentar los parlamentarios sino que redibujar el mapa de los distritos de diputados y circunscripciones de senadores. Así, con la iniciativa anunciada, se reducirán los actuales 60 distritos a solo 28 y elegirán entre 3 y 8 diputados por zona, lo que dependerá de la proporción por cantidad de habitantes. Por ejemplo, de los 35 nuevos escaños, la Región Metropolitana tendrá 15 nuevos diputados, las de Valparaíso y Biobío 8 escaños, las regiones extremas: 4 nuevos diputados y el resto se distribuirá en el país. 

En el caso de los senadores, ahora cada región será una circunscripción, pasando de las 19 que hay en la actualidad, un total de 15.

Esto significa que regiones como Antofagasta, Los Ríos, Aysén y Magallanes, mantendrán número actual de 2 senadores. La misma cantidad tendrán las regiones de Tarapacá y Arica y Parinacota. Las regiones de O´Higgins, Coquimbo y Los Lagos pasarán de 2 a 3 representantes en la cámara alta. Valparaíso, Maule, Biobío y La Araucanía, subirán de los 4 senadores actuales, a 5. Por último, la Región Metropolitana subirá de los 4 de hoy a 7. 

La propuesta parece avanzar por el camino correcto, porque en todos los distritos y en varias circunscripciones ya no serán dos sino más los electos, por lo que en sí mismo el sistema abandona su binominalismo. Sin embargo, las regiones en las que se elegirán 2 senadores seguirán manteniendo la lógica del binominal, por lo que las cosas no cambiarán para nada en esos lugares.

El experto electoral de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales, planteó esta semana que los incumbentes -es decir, los actuales diputados y senadores- están felices con este sistema, ya que les garantiza prácticamente la vida eterna. Su argumento es que si en un binominal tenían altísimas posibilidades de ganar (el 80% de los actuales congresistas en Chile gana el escaño) ahora van a estar muchísimo más seguros. Morales sin embargo explicó que también se aumenta la posibilidad de que candidatos más chicos puedan ser electos, incluso de coaliciones minoritarias, porque el margen para ser elegido en un distrito que escoge 8 escaños es menos del 10%.

Otro de los problemas que tiene el binominal es que no representaba correctamente a las regiones. Algunas estaban sobre-representadas considerando su cantidad de habitantes y algunas, sub-representadas. Es el caso de la Metropolitana, que teniendo el 38,93% de los electores, tiene un 26,7% de representantes en el Parlamento. Pese a esta corrección que pretende el proyecto, ya hay voces legislativas que lo critican porque consideran que la iniciativa es demasiado centralista, pues precisamente incrementa el número de senadores en Santiago.

Pero no es la única crítica. La UDI, partido que históricamente ha defendido el modelo binominal porque, a su entender, le da estabilidad al sistema político al obligar a hacer pactos y porque tiende a elegir a representantes de los partidos mayoritarios, no está de acuerdo con aumentar el número de legisladores y, por ende, el gasto de platas públicas. El Gobierno aclaró que se reasignará el mismo presupuesto pero ahora entre más parlamentarios. ¿Estarán de acuerdo los legisladores en votar un proyecto que les acortaría sus recursos? Dejo planteada la pregunta.  

El proyecto es perfectible. De eso no hay duda. Pero al menos ya tenemos una iniciativa concreta en el Congreso. Muchos de los actuales parlamentarios han dicho públicamente que ya es momento de modificar el sistema binominal, aún cuando no pocos se han beneficiado de él. Veremos ahora si se esmeran en corregir un modelo político anacrónico e injusto, o si por el contrario, llenan de indicaciones y trabas la discusión para evitar que sea aprobada. En el fondo, sabremos cuánto trecho hay del dicho al hecho.

 

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