“Conocieron las tragedias y no se dejaron intimidar”

Por SOFÍA WULF- FUNDACIÓN VOCES CATÓLICAS

Cerca de un millón de personas se congregó en la plaza San Pedro y sus alrededores para presenciar la ceremonia de Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII. Un gran despliegue de seguridad con 10 mil hombres dispuestos alrededor de ciudad del Vaticano.

Sitios oficiales en el Vaticano informaron que alrededor de 2 mil 500 voluntarios, 72 ambulancias, 980 baños químicos y 4 millones de botellas de agua, fueron parte de los elementos que aseguraron la tranquilidad y seguridad de los participantes.

“Es una bendición. Nos apoyamos con peregrinos de todas partes del mundo: polacos, alemanes, españoles y chilenos. Todo el esfuerzo que hicimos de llegar a las ocho de la noche para hacer todo el proceso de espera. Es un regalo para Chile, para el pueblo católico y el mundo”, comentó Paola Lisboa, de Duoc UC, de Santiago.

La ceremonia con cielo nublado y llovizna no alarmó a los presentes. A partir de las cinco de la mañana los peregrinos, que pasaron la noche en vela esperando que se abriera el ingreso a la plaza, colmaron rápidamente ese sector preferencial.

Más de 120 cardenales, obispos y autoridades tenían lugares reservados al lado del altar. Cuando entró el Papa Emérito Benedicto XVI, las voces de muchos presentes se alzaron con gritos y aplausos: “¡Benedetto!”. Luego apareció el Papa Francisco y se levantaron las banderas, los gritos y aplausos de la multitud. 

La ceremonia transcurrió con varios momentos de silencio y profunda oración. Se escucharon aplausos de los presentes cuando el Santo Padre pronunció la fórmula de Canonización y nombró a los nuevos santos. Después de esto, familiares de Juan XXIII y Floribeth Mora, la mujer curada por intercesión de Juan Pablo II, presentaron las reliquias de los nuevos santos: la sangre de Juan XXIII y un pedazo de piel de Juan Pablo II.

En la homilía el Francisco habló de los dos Papas como hombres valientes que dieron testimonio de la bondad de Dios y de su misericordia. “Fueron sacerdotes, obispos y Papas del siglo XX conocieron las tragedias y no se dejaron intimidar. Más fuerte en ellos fue Dios”, aseguró.

El Jorge Bergoglio definió a San Juan XXIII como el Papa de la docilidad al Espíritu Santo, y a Juan Pablo II como el Papa de la Familia y pidió a ambos la intercesión por el sínodo de las familias que se celebrará en octubre próximo. 

En el momento de la eucaristía, 6 mil  sacerdotes caminaron por los pasillos de la plaza con paraguas blancos y amarillos llevando la comunión a los fieles. Al terminar la misa, después de saludar a las delegaciones, el Pontífice paseó en el papamóvil saludando a los presentes. 

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