Nicolás Ward: "Atentados Vergonzosos"

Por Nicolás Ward Edwards

El bombazo en el Metro de hace algunas semanas y el “enjambre” de ataques subversivos que se registraron en nuestro país con artefactos explosivos a automóviles, sumado al de la Iglesia Santa Ana en el centro de la capital y en un jardín infantil, son delitos cobardes que merecen una sanción ejemplarizadora. Las autoridades no debiesen entramparse y demorarse en decidir si se debe aplicar la Ley Antirrerrorista.

En vez de detenerse en aspectos legales, que por cierto en la justicia chilena están en entredicho por la lentitud de los procesos, debe ser un punto de inflexión para comenzar a aplicar el rigor de la ley ante hechos repudiables. Una severidad que podría enmarcarse como un ejemplo ante los ojos del mundo, donde el Gobierno y el Poder Judicial inicien un cambio de paradigma en la dimensión de castigar a quienes incumplen el Estado de Derecho. No es mucho pedir.

Lo que ocurrió en el Metro hace algunas semanas, fue lamentable. Si hay algo que funciona increíblemente bien, es este medio de transporte. Las aglomeraciones de gente en los andenes y en los trenes, poco importan a la hora de poner en la balanza un taco infernal en las calles (en auto o Transantiago), versus ir un tanto incómodo por el poco espacio que dejan los carros del tren subterráneo en hora peak. Por eso, hay que cuidarlo. A mi juicio, es un privilegio tener un sistema así y da pena que se haya dañado esta querida forma de movilización del día a día como forma de protesta.

Este segundo atentado, que se suma al de 1986 en toda la historia del ferrocarril metropolitano, pudo causar lesiones y la muerte de algún usuario. Por “suerte”, sólo resultaron dañados algunos asientos. Aprendamos a cuidar las cosas buenas que tenemos en nuestro país.

Esto mismo lo podemos extrapolar a todos estos hechos violentos que vienen aconteciendo, en los cuales la delincuencia ha llegado a un punto insostenible de desacato del sentido común y que raya en la locura. Un claro ejemplo fue el asesinato de un niño en Talcahuano, quien murió a golpes y apuñalado por delincuentes que aún no son detenidos. Nuestro país está fallando. Invito al Gobierno y a las autoridades a ponerse las pilas para poner fin a todos estos hechos. Yo quiero un país mejor y me imagino que este deseo es transversal en el tiempo. Espero que así sea. Después, puede ser muy tarde.

 

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