Frank Reyes: "Los Clérigos de la Modernidad"

Por Frank Reyes

La palabra Negocio etimológicamente proviene de Nec Otium, que significa “Negación del ocio” o “No ocio”,  ser comerciante es Prima Facie constituirse al margen de la especulación, de la reflexión.
La universidad como institución, es el espacio que nace como el centro de difusión del ocio, es decir, el lugar donde lo improductivo desde el punto de vista meramente comercial, cobra relevancia en el acontecer de la comunidad
En el Medioevo europeo, el antiguo continente sólo se presentaba como una expresión geográfica, pero mal podríamos colegir que existía lo que se denomina una identidad cultural europea, sin embargo, la fundación de la universidad de Bologna (1088) viene a darle rostro a Europa, se inicia así un polo de migración pacifica, tal vez, el único conocido de la historia de Europa. 
Clérigos concebidos como “Proto-Mercaderes”, habitados por el idioma universal de los eruditos de entonces, el latín medieval,  viajaban de ciudad en ciudad portando el conocimiento como bien gratuito de intercambio.
El problema que tenemos en Chile es el viraje no solo semántico, o de directrices, en relación a el lugar de la Universidad en una República, sino es el de  un viraje que tuvimos respecto de las relaciones de poder.
Los derechos sociales no tienen obstáculos, son universales. Solo los mercados tienen barreras de acceso, frenos,  aquellos donde el bien final no es posible garantizarlo Erga Omnes.
En las últimas 3 décadas hemos naturalizado la concepción de mercado en la educación y algunos entendieron que el gran tema de la educación superior es la cobertura de acceso, y el estado vía voucher, vía subsidio a la demanda intentó correr erróneamente ese cerco, pasamos de 190.000 estudiantes universitarios el año ’90 a 1.100.000 matriculados en nuestro año. 
En esta criatura del Estado que es la Universidad, los clérigos de la modernidad marchan por realizar un cambio de paradigma, marchan porque se fatigaron de sedentarismo económico, quieren volver a viajar, entendieron que la educación  Pública, Gratuita y de Calidad no es un berrinche popular, ni tiene que ver con un pagaré, educar es un proceso de emancipación intelectual y de autoestima.

Alain Touraine señalaba que no existe acontecimiento más desastroso para un movimiento social que cuando la subjetividad propia de sus petitorios, se ve secuestrada por un poder político; el movimiento estudiantil no es la excepción, ve con justo escepticismo el actuar del gobierno de la Nueva Mayoría en educación superior. Los clérigos de la modernidad entendieron que los negocios y la universidad tienen intereses antagónicos, son incluso una contradicción en los términos, educar es Per Se, extender el ocio.

El desafío del movimiento estudiantil no se debe agotar en fracturar la actual relación de poder y constituir un nuevo paradigma educacional, en consecuencia, se precisa volver a pensar la institución de la universidad, esto implica  volver a enlazar el conocimiento científico, tecnológico y especulativo con el quehacer de la República y la comunidad, requiere abandonar viejas prácticas pedagógicas, cesar de entender el proceso de aprendizaje y enseñanza como unidireccional.
Tal como en Europa la universidad de Bologna logró brindarle una identidad para el viejo continente, los universitarios chilenos  tienen el imperativo moral de devolverle identidad a este País.

 

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