Marcelo Brunet: "Decálogo para renovar a la Derecha"

Por Marcelo Brunet

La soberbia de la izquierda le habló por meses al país que el triunfo electoral de Bachelet había significado una “derrota cultural” para la derecha. Afortunadamente los hechos, los porfiados hechos, han demostrado que eso no fue así, que las ideas de la derecha están más vigentes que nunca y presentes en el ideario político.

Para quienes adscribimos a dicho sector, sin embargo es hora de mirar para adentro, hacer cambios y preguntarnos  qué derecha le queremos ofrecer al país con miras de obtener triunfos en las elecciones municipales, parlamentarias y presidencial que se acercan cada vez más rápido.
Un buen punto de partida para ello, para adecuarse al siglo XXI, es darle las gracias al Cosismo –a la tesis de “los problemas reales de la gente”- , a  la Patrulla Juvenil y a los Coroneles por sus servicios prestados. Ellos marcaron una etapa política fundamental, pero ya es hora de pedirles que, como otros lo hicieron con ellos, dejen la primera línea de fuego.
Es tiempo de nuevos y renovados liderazgos, que tengan la libertad de suscribir un compromiso básico para la derecha que demandan estos nuevos tiempos. Desde mi punto de vista, creo que tal compromiso se compendia en este decálogo, inspirado en el del líder del Partido Popular González Pons, que comparto con Uds. para su discusión.
1. Asumir que, paradójicamente, la mejor manera de construir una mayoría social dirigida por la derecha supone que ella deba situarse mirando hacia el centro: ello significa aceptar que cada uno tiene su parte de razón, su porción de verdad política, y que las “verdades absolutas” ya no corren. Sólo así marcaremos la primera diferencia con la izquierda: ella no puede ocupar el centro porque sus “certezas incontestables”, generalmente slogans, son incompatibles con la pluralidad.

2. Promover que la sociedad está construida y protagonizada por las personas, dueñas de su destino, y no por el Estado, por grupos o clases sociales. Y que las personas y sus familias son, por tanto, las destinatarias de lo público y, por ende, de la política.
3. Defender irrestrictamente la libertad individual y los derechos fundamentales que constituyen el núcleo de la vida en sociedad, condición innegociable para convivir en paz.
4. Luchar en cada espacio por la igualdad de oportunidades como si nuestro destino político dependiera de ello, porque de hecho, depende de ello. Sólo hay verdadera libertad donde todos tienen las mismas posibilidades de desarrollarse y crecer. Y eso supone apostar por la educación de calidad y desterrar toda clase de discriminación por sexo, raza u origen social.
5. Mantener que la dignidad de cada ser humano exige, sin excluir el rol privado, secundar un estado subsidiario pero presente: un sistema público, universal y sostenible de salud y educación, pues no hay enfermedades sino enfermos, ni educación sin alumnos; un modelo de pensiones justo pues la tranquilidad de nuestros mayores así lo demanda; también cobertura social suficiente para los que más ayuda necesitan, pues lo que importa la persona, aún más que la economía o las tablas de Excel.
6. Apostar por la democracia como único medio legítimo de alcanzar y ejercer el poder público. Sin dobles lecturas, remilgos o compromisos con dictaduras. Democracia como el pan nuestro de cada día. Democracia de consensos y acuerdos, y no de mayorías que arrasan con las minorías. Y condenar sin tapujos las revoluciones, golpes y asonadas, pues quien llega al poder por la fuerza, gobierna necesariamente por la fuerza.
7. Sustentar valores y principios como el esfuerzo, la austeridad, la superación personal, pues la tradición y la historia nos han enseñado que son ellas las que fortalecen a las naciones y los pueblos.
8. Promocionar sin culpas la libre iniciativa económica y el mercado libre, la competencia limpia sin intromisiones del poder público, pues crean riqueza y favorecen la prosperidad. Y condenar, al mismo tiempo, la explotación de trabajadores, la falta de condiciones laborales mínimas o impuestas. Las ideas de derecha, aunque a la izquierda le duela, defienden mejor a los trabajadores: eso es un hecho y no una teoría como la lucha de clases.
9. Rechazar conformarse con el autoritarismo ni con la pobreza ni con el crimen ni con la injusticia. Sentirse siempre interpelado por las iniquidades y dar respuestas pragmáticas y serias. Ser reformista sin descanso.
10. Reencantar a nuestros electores con nuestra visión de amor por nuestra patria. Ese Chile que canta su himno nacional y que se enorgullece de ser lo que es. Asumir a Chile como un país unido, diverso y plural, que está convencido de que el futuro es mejor construirlo juntos
Este es el punto de partida para construir un nuevo orden social fundado en la libertad: un pacto que incluya a todos los que creemos que las personas y no el Estado son el centro de la sociedad. Ya no sólo desde un mero pacto electoral, sino constructora de una mayoría social y política para dar buen gobierno al país.
Chile lo pide a gritos. Y nuestro deber, desde la derecha, es estructurarlo y promoverlo.
 

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