"No llame": la ley argentina que limita las llamadas publicitarias

Por FELIPE GUERRERO / @fel_guerrero

Esta semana, la presidenta argentina Cristina Fernández promulgó la ley que crea el registro nacional “No llame”, en el que podrán inscribirse los usuarios que no deseen recibir más llamadas ni mensajes telefónicos (SMS) publicitarios, buscando evitar que te llamen para cambiar tu plan móvil, por ejemplo.

El fin de la norma es “proteger a los titulares o usuarios autorizados de los servicios de telefonía, en cualquiera de sus modalidades, de los abusos del procedimiento de contacto, publicidad, oferta, venta y regalo de bienes o servicios no solicitados”, según dicta el texto aprobado por el Congreso transandino en julio.

Esto permitirá a los argentinos inscribirse voluntariamente en una lista que impedirá la realización de comunicaciones comerciales, tanto a través de llamadas como de SMS. De no cumplirse, las empresas arriesgan sanciones.

¿Pero qué ocurre en Chile?

“Es un tema que lo hemos conversado muchas veces en relación a las llamadas telefónicas y SMS respecto de publicidades que se están enviando”, explica el diputado Gustavo Hasbún (UDI), miembro de la comisión de Telecomunicaciones, Transportes y Obras Públicas de la cámara baja.

“Estamos elaborando un proyecto de ley que busca garantizar la protección de los datos, que evite que pasen a ser públicos y se puedan comercializar, porque afecta a mucha gente que se siente invadida”, agrega el parlamentario chileno.

Por su parte, el director de la Escuela de Informática y Telecomunicaciones de la Universidad Diego Portales (UDP), Luciano Ahumada, recuerda que en Chile ya hay una forma de evitar que las compañías te molesten.

“Desde el año pasado existe una aplicación (formulario) que se llama “No Molestar” del Sernac, donde los consumidores llenan un registro de empresas que están haciendo publicidad no deseada. Ahí el Sernac les notifica el listado de personas a quienes no pueden volver a llamar”, aclara el entendido.

“Sin embargo, esta norma no está en el inconsciente colectivo, lo que falta es una mayor difusión de esta herramienta porque quizás hay un error de política comunicacional”, critica -eso sí- el académico.

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