Cristián Jamett-Marco Enríquez-Ominami: "La Transición, de lo posible a lo impostergable"

Por Cristiçan Jamett-Marco Enríquez-Ominami

La transición que es un proceso histórico, un espíritu, en Chile ha poseído un cuerpo. La transición se tomó a la Concertación. Es su demonio. Y como poseídos que son, funcionan como los muñecos de las películas de terror. Peluches tiernos que de la nada se vuelven peligrosos, y que al final de la película, cuando yacen muertos y quemados entre las brazas de una hoguera, abren un ojo.

Pero el final de la transición es más simple que un exorcismo. Chile debe pasar de las políticas de lo posible (la esencia de la transición), a las políticas de lo impostergable (la esencia del Progreso). Por eso desde el progresismo apoyamos las reformas planteadas en el primer cuarto de hora de la Presidenta Bachelet. Y por eso nos causa desazón lo ocurrido en las últimas horas con la Reforma Tributaria (la reforma de todas las reformas, le llamaron).

Bachelet tiene la oportunidad hoy de marcar el comienzo del fin de la transición
. Porque como nunca antes en la Historia de Chile, una presidenta de izquierda tiene al mismo tiempo que una inmensa popularidad, el parlamento a su favor, el empresariado a su favor, a los partidos de la concertación más el Comunista a su favor, hasta sectores de movimientos de estudiantes universitarios a su favor (RD). La Nueva Mayoría.

Y las reformas son (¿eran?) el primer paso. Hay que partir por algo y esta Reforma era, definitivamente, mejor que nada. Porque probablemente no será dentro de su mandato, si no en los gobiernos que siguen, donde se concretará el puntapié inicial a los cambios que Chile requiere. Y porque  claro,  sus reformas pecan de timoratas, acomplejadas y lentas. Suficientes más que necesarias. Y aún así, sentíamos, eran, repetimos, mejor que nada.

Porque claro, su paso lento no podía ser de otro modo. En su barco la Nueva Mayoría lleva partidos lastres que arrastran su navegar. Walker, Velasco, el sector conservador de la DC, juegan a hacer peso muerto en el fondo del barco. Y en el mascarón de proa, los progresistas (de todos los sectores y partidos, incluyendo sectores de la DC), soñando el país del vivir mejor todos juntos y haciendo el trabajo duro.

Con las modificaciones al corazón de la Reforma Tributaria, la Concertación volvió a abrir un ojo, resucitando el espíritu de la transición y su pasividad. No vayamos a mover mucho los huevos que se pueden quebrar. Pero las tortillas hay que hacerlas.  Y fue así que la madre de todas las reformas se transformó en una reformita. La Nueva Mayoría aparece entonces como la siguiente poseída. A este paso no vamos a llegar nunca a la meta. O van a llegar los que han llegado siempre. Con las becas de ese Estado que desprecian más encima. Y así no vale. Porque la paciencia es injusta.

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo