Columna del sacerdote Hugo Tagle: "Mes de la solidaridad"

Por Sacerdote Hugo Tagle 

Mes de la solidaridadTenemos sólo esta vida para ayudar a los demás. Y bastante corta por lo demás. Siempre hay alguien más necesitado que uno. Para los creyentes, Dios nos habla a través de la Iglesia, los pastores. Pero también a través de los acontecimientos, de las otras personas. Y, sobre todo, a través de los enfermos, los más pobres, los abandonados, las viudas y los huérfanos. “Ahí está Cristo” decía el Padre Alberto Hurtado. Quien ayuda a los que están necesitados, tiende una mano a Dios. Al revés, quien los evade, mira para el lado, se desentiende de la necesidad de los demás, no reconoce a Dios, aunque diga creer en Él. Los cristianos tenemos una gran responsabilidad. “No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”, nos dice Jesús. La fe debe traducirse en obras concretas. O si no, no es fe.

Nos encontramxos en el mes de la Solidaridad. No desaproveche la ocasión para dar una mano a quien tiene necesidad. Son muchos.

Celebramos un nuevo feriado mariano. En Chile, tenemos tres feriados dedicados a la Madre de Jesús. El 16 de julio, día de la Virgen del Carmen; el 15 de agosto, Fiesta de la Asunción de la Virgen; y el 8 de Diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. Las tres festividades nos hablan del cariño del pueblo cristiano a la madre del Salvador y, de paso, son una lección para cada uno de nosotros para vivir lo propio del seguimiento de Cristo: humildad, entrega, generosidad, disposición a la voluntad de Dios. En María se nos regala un modelo de vida cristiana, de amor a los demás, de cariño y preocupación por los más débiles, los pobres, los que están solos, agobiados y cansados. Quien tiene a la Santísima Virgen como aliada, compañera y consejera, se ha arrimado a buen árbol. María es camino, seguro y modelo de vida cristiana.

El lunes 18 de agosto es el día del Padre Hurtado. Él nos invitó a “dar hasta que duela”, a ver en el otro un hermano, no un enemigo. Quien es solidario, gana mucho. Gana más que quien recibe. El corazón crece cuando es solidario. Al revés. Cuando nos encerramos en nosotros mismos, el corazón se empequeñece, se atrofia, se amarga. La capacidad de amar está íntimamente ligada con la generosidad. Un corazón mezquino, es un corazón triste, solo, amargo.

“Cuando ayudas a otro con su cruz, el corazón vuelve a sentir” nos dice el Padre Hurtado. Si pasa por un momento de tristeza o soledad, busque a quien tender una mano. Notará que, si bien los problemas no desaparecen, al menos se aminoran, se abordan mejor, se comprende mejor a quien sufre. Quien no ha sufrido en algo, no conoce el otro lado de la vida. Quien es solidario, es más feliz.

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