Columna vertebral de Felipe Avello: "No quería ir…"

Por Felipe Avello / Periodista y comediante, panelista “Vigilantes” de La Red 

Se llama Óscar, pero todos le dicen Yoyo. Tiene 30 años y vive en Talca. Su hermana, Claudina, tienen un taller de reparación de sillones. Ella se dedica a tapizar, mientras Yoyo le hace compañía. Yoyo siempre está en el taller, Yoyo casi nunca sale del taller, es que Yoyo tiene fobia social, Yoyo tampoco sube a lugares altos. Yoyo sufre de vértigo. Tampoco anda en ascensor, Yoyo tiene claustrofobia. Yoyo está gordo, pero nadie le puede decir que lo está, porque Yoyo tiene la autoestima baja. Yoyo tampoco puede hacer dieta, Yoyo es ansioso. Yoyo nunca ha ido al médico, pero Yoyo lee mucho y dice que sabe más que los mismos médicos, Yoyo es soberbio.

Hace dos días Claudina se enfermó y no pudo viajar a Santiago a comprar el género con el que tapiza los sillones, por lo que no tuvo otra alternativa que pedirle a su hermano que viajara. Yoyo no quería ir, Yoyo sentía que no tenía fuerzas para ir, Yoyo sentía que su hermana lo quería perjudicar, Yoyo acusó a su hermana de hacerse la enferma, que de floja se hacía la resfriada, pero al final se dio cuenta que su hermana estaba enferma de verdad, que botaba flema y tosía sangre, y que eso no se podía fingir. A veces Yoyo es un hombre sensato.

Yoyo se fue en bus, se tomó varias latas de cervezas en el trayecto, por lo que el viaje se le hizo más que soportable. A Yoyo le relaja tomar. Llegó al terminal de Santiago y caminó por muchas horas hasta llegar al local de los géneros en la comuna de Independencia. No quiso tomar micro porque no tiene tarjeta Bip! y porque no le gusta andar apretado en un espacio tan cerrado.

Yoyo llegó hasta la tienda transpirado y jadeando, Yoyo no está acostumbrado a hacer ejercicio, Yoyo entró al local y habló con el vendedor, un joven de lentes. De un segundo a otro, Yoyo, pasó de tímido a prepotente. Casi gritando le ordenó al dependiente que le vendiera los metros de tela que necesitaba y que por favor sea “de este color”, dijo acercándole un pedazo de tela que llevaba como muestra. “No te vayas a equivocar cegatón, no es café, es terracota. Y dime cuánto sale que tengo plata y pago en efectivo”. La plata se la había dado Claudina, Yoyo no maneja nunca dinero porque lo pierde, generalmente se le cae.

Media hora después Yoyo figuraba caminando por la calle cargando el rollo de género, perdiendo el equilibrio cada media cuadra y mojado de transpiración. Eran las 7 de la tarde. Yoyo no soportó más y bajó a la estación a tomar el Metro.

Yoyo nunca había andado en Metro, le daba miedo pero no tenía fuerzas para seguir caminando.

El Metro estaba lleno, horario punta. Se subió al carro con la cabeza gacha para no mirar a nadie, abrazado con fuerza al rollo de género. La gente lo empujaba y lo miraba con reprobación. Yoyo podía sentir el olor de la gente, le dieron náuseas. Sabía que tenía que bajarse en la estación de la Universidad de Santiago, eran sólo un par de estaciones más allá.

El carro comenzó a avanzar, “ya queda poco”, se decía Yoyo para darse ánimo.

De pronto el Metro frenó bruscamente. Todo quedó a oscuras. Yoyo se aferró al rollo de género. Yoyo tiene muy mala suerte.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro.

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