Columna del Padre Hugo Tagle: "Larga (y buena) vida"

Por Padre hugo tagle

Lo primero, condenar los actos terroristas y cobardes de las últimas semanas, comenzando por el de ayer jueves que, además, ocasionó la muerte del joven que colocó la bomba. Triste su historia ¿En qué pensaría? ¿quiénes serán sus padres, sus hermanos, sus amigos? Tras esta violencia demencial nos debemos preguntar qué cuota de responsabilidad le cabe a la sociedad en su conjunto, a los profesores, barrios, amigos. Quien coloca una bomba, quien destruye, es porque ha perdido el sentido de la vida. Un acto egoísta, de una odiosidad enorme, que debe hacernos pensar la forma en que integramos a quienes se han ido quedando al borde del entramado social, amargados y solos.

Pero quiero tocar otro tema. El senador Fulvio Rossi reactivó el proyecto de ley que busca permitir la eutanasia en Chile ¿De qué se trata? La eutanasia es la acción que acelera la muerte de un paciente en estado de enfermedad crítica, donde sabemos que, cualquiera sea su tratamiento el proceso de muerte será irreversible. Se buscaría la aceleración de su muerte, así se argumenta, con la intención de evitar sufrimientos.

Será eutanasia en el sentido que se discute cuando se busca consciente y voluntariamente la muerte de la persona, mediante el uso de fármacos que resultan letales. No es eutanasia la renuncia a un tratamiento médico oneroso o que reporte dudosas posibilidades de sanación. Nadie está obligado a un tratamiento que le significará un costo inabordable y menos si las posibilidades de sanación son bajas. Hay ocasiones en que se da un verdadero “ensañamiento terapéutico” en que, por eventuales posibilidades de curación, el paciente se transforma en un verdadero conejillo de indias.

Cualquier acción que busque acelerar el proceso de muerte resulta ilícito. Es una suerte de asesinato, o de una complicidad manifiesta. 

¿Qué hacer ante una enfermedad larga y dolorosa? Lo primero, mitigar el dolor y hacer de ese proceso un tiempo digno y amable para el enfermo. No se le debe privar de los elementos básicos de subsistencia; agua, oxigeno, suero en caso de ser posible.

Es egoísta querer deshacerse de los enfermos terminal con la excusa de que quieren morir. Es fácil inducirlos a querer “terminar pronto” ese proceso; a que se considere una carga, un gasto, un tiempo inútil. Lo propio de quienes estamos sanos es mover a los enfermos a aferrarse a la vida, a “no tirar la toalla”, a hacer de ese tiempo de enfermedad una oportunidad para prepararse bien para la otra vida. Debemos aprender a prepararnos a “bien morir”. Y se los digo a todos los de la tercera edad, en que pareciera que algunos creen que vivirán para siempre. Pero lamento decirles que no es así, que en algún minuto Dios nos va a llamar. Y es bueno que sea así. Estamos pensados para la vida definitiva del cielo. Quien se prepara bien para la muerte, vive mejor el día a día, es más feliz.

 

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