Columna de Magdalena Piñera: ¿Desconfiando de las personas?

Por magdalena piñera

Desconfianza. Sentimiento que, a veces con razón y a veces sin razón, cada vez se extiende más en nuestra sociedad. Desconfiamos de los empresarios, desconfiamos de los políticos, desconfiamos de las autoridades. Desconfiamos de los profesores y sus capacidades para educar a nuestros hijos.

Desconfiamos de la Iglesia y hasta de los sacerdotes por los casos de abusos contra nuestros niños. Desconfiamos de todos los que lucran como si fuera un pecado recibir ganancias por un trabajo o emprendimiento. Incluso un senador dijo hace unos meses que ¡desconfiaba de las mujeres que se embarazaban porque lo hacían para mantener el trabajo! Con justa razón, el presidente de la DC decía respecto a la reforma educacional que se discute actualmente que “la imagen que a veces se transmite es que en el fondo los sostenedores son unos sinvergüenzas, los padres y apoderados son unos incautos y que los profesores son ineptos. Yo digo que así no llegamos a ninguna parte”.

Y es esa desconfianza la que más me llama la atención, aquella de creer que nadie mejor que el Estado (gobernando por la Nueva Mayoría) puede tomar decisiones por las personas, desconfiando abiertamente de nuestra capacidad para decidir sobre nuestras vidas. Se trata de una desconfianza generalizada que ha impregnado prácticamente todas las políticas públicas de la Nueva Mayoría que pareciera quiere despojarnos de toda libertad individual para imponernos un Estado que decida por nosotros y nos diga dónde deben estudiar nuestros hijos, qué hacer con nuestro 7% de cotización para salud, si podemos o no trabajar los domingos en la tarde, ¡y hasta si podemos o no echarle sal a la comida en los restoranes! Todavía recuerdo la frase del ministro de Educación cuando decía que los padres no éramos capaces de elegir el colegio para nuestros hijos porque elegimos colegios con nombres en inglés o donde había niños rubios. O la reciente decisión de la ministra de Desarrollo Social de reformular el programa Elige Vivir Sano porque éste tiene un “enfoque de estilo de vida individual”, como si los hábitos de vida saludable no fueran por decisión y voluntad individual.

Esta desconfianza en la libertad individual ha impulsado al actual gobierno a quitarle poder a las personas para dársela al Estado como el gran solucionador de todos los problemas y necesidades de las familias. ¿Estamos dispuestos a dejar que el Estado invada nuestra vida y tome decisiones por nosotros? ¿queremos ser protagonistas o meros espectadores de nuestras propias vidas? El fin del Estado es actuar donde hay vulnerabilidades, dando oportunidades y generando reglas claras para el bien común, construyendo y aplicando políticas públicas que contribuyan a hacer de Chile un país con verdaderas oportunidades para todos, pero no decidiendo cómo debemos vivir nuestras vidas. No olvidemos que el sector público también ha sido protagonista de varios casos de corrupción y faltas de transparencia que han llevado a los ciudadanos a desconfiar del Estado y de quienes lo lideran.

Yo confío en que el Estado asuma sus responsabilidades y vele por el bien común. Confío en las buenas políticas públicas como una herramienta indispensable para desarrollar una sociedad justa. Pero también confío en las personas y en que son ellas las que mejores decisiones pueden tomar para sus vidas. Confío en la libertad individual y no quiero que me la arrebaten.

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