Columna de Copano: El código Narea: Claudio latea

Claudio Narea fue un gran músico. Nadie se dio cuenta. El 2006 hizo un disco extraordinario de título “El largo camino al éxito”, que contenía dos obras sobresalientes: “Simplón” y la canción que da nombre a la placa y que probablemente es la despedida de su carrera creativa. Claudio, en los ‘90 fue el favorito de los medios y periodistas (hasta programa de radio tuvo) , los que nunca fueron del agrado de González, quien se acogió al ostracismo.

González, en vez de caer en la batahola, escribió en un fotolog de fans ese mismo año: “Y sí, leí el libro del Claudio en PDF. Tiene cosas muy emotivas de la niñez, tiene cosas muy penosas que le pasan a la gente cuando se casa a los veintipico años. Y tiene cualquier chamullo, invento y grupo, aunque extrañé las partes censuradas de la brujería y todo eso que le daban el toque Zeppelin al rollo”. A eso agregó: “Lo sabroso es que se pongan tan excitados con la idea de que puedo o no ser fleto. 

¿Voy a insultar a mis queridos amigos y amigas que prefieren parejas de su mismo sexo ofendiéndome por esa “acusación”? Si hasta de Oscar Wilde dijeron que era coliza. Lo feíto es que vengan con que me compré los instrumentos con plata del fisco. Puta, soy más honrado que ocho.”

En síntesis: lo dejó como homofóbico. Y reaccionario. Si esto fue años atrás, ¿para qué se expone de nuevo a lo mismo?

El tiempo avanzó y la obra de González empezó a crecer, luego de haber sido rechazada durante una década por la estructura cultural oficial: los discos “Corazones” y “Jorge González”, que habían instalado una lógica en el periodismo de “pop vs. rock” con respecto a la historia de Los Prisioneros, comenzaron a ser tributados y referenciados por una generación de artistas nuevos y escuchados en el mundo.

Chile es para muchos medios de afuera “el paraíso del pop” y su padre fundador no es Narea: es González.

Narea, acomodado en la fantasía horrible del “rock and roll chileno” noventero (con episodios de misoginia, homofobia y una cultura donde la mujer está en segundo plano) con las discográficas felices regalando poleritas negras de bandas ya olvidadas, se quedó pegado. Y no debió haber hecho eso. Debió haber seguido creando. Tenía todas las facilidades. Estaba ahí.

Pero no. Prefirió volver al loop y conectar, en su reversión de libro, canciones de González y darles características extrañísimas: éste es uno de los fragmentos más graciosos de “Biografia de una amistad”: “Un tal Jorge González -escribiendo desde el sitio oficial de Los Updates- hacía mención a un tema suyo más bien desconocido llamado ‘Envidia’. Esto hacía que fueran una misma cosa: un mismo estilo. Cuando conocí ‘Envidia’ me di cuenta que las sorpresas no acabarían pronto (…) Para empezar, el tema aparece en el disco ‘Mi Destino: Confesiones de una estrella del rock’, del año 1999. ¿Su destino? ¿Planificaría esto con años de anticipación? La cabeza me daba vueltas y a estas alturas todo se podía esperar de mi ex amigo”.

La lucha González-Narea es sobre el modelo de país y de qué lado estás. Si estás del lado del trabajo, de la creatividad, de no depender de la evaluación de los otros, y de tener una obra, estás del lado de González. En cambio si te gusta el cahuín, el tributo a una nostalgia que no sirve, el relato horrible y homofóbico y que te usen a beneficio a través de tu victimización, estás del lado de Narea. Es la historia del país.

PD: Espero que no venga con un libro donde diga “Copano está obsesionado conmigo” ¿Allez Klaar?

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