Calcinan vivos a 43 estudiantes en México

Por Erika Padrón

La gestión del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, tiene nombre: Iguala, una ciudad de 130 mil habitantes y localizada a tres horas de la Ciudad de México, en el estado de Guerrero, y que ahora es noticia por la desaparecieron de 43 estudiantes y el hallazgo de tres inmensas fosas cavadas en el barro. 

La historia empezó hace una semana cuando la policía de Iguala atacó a tiro limpio a un grupo de 80 estudiantes que habían acudido al municipio a tomar varios autobuses que iban a utilizar en una protesta. Dicha acción es una de las técnicas de movilización social que utiliza la Normal de Ayotzinapa, una escuela de profesores de gran activismo de izquierdas, cuya fama indica que ha formado a algunos de los guerrlleros más conocidos del país y donde estudian alumnos de comunidades indígenas y de escasos recursos.

Pero el hecho causó indignación porque la policía local disparó a matar cuando los estudiantes tomaron tres autobuses. Después detuvo a 20 de ellos, a los cuales subió por la fuerza a las patrullas. Desde entonces no se ha vuelto a saber nada de los jóvenes.

Hay rumores que indican que los uniformados pidieron ayuda a un comando armado y volvieron por los estudiantes que habían logrado escapar. A lo largo de esa noche hubo al menos tres tiroteos distintos, uno de ellos fue contra el equipo de tercera división de la ciudad, que llegaba de jugar un partido de fútbol. Uno de sus integrantes terminó con una herida mortal de bala.  En total, aquella noche se registraron cinco muertes más, además de 17 heridos.

El resto de los estudiantes huyó como pudo y durante ocho días el ejército los buscó casa por casa, hasta que el sábado un policía confesó la existencia de una fosa a la salida del pueblo donde estaban enterrados varios cuerpos. 

El lugar fue acordonado por 300 soldados quienes impidieron el acceso a los medios de comunicación que se concentraron ahí después de caminar tres kilómetros monte arriba por una sierra tan verde como siniestra.

Las autoridades no han confirmado ni desmentido si los restos encontrados son de los estudiantes de la escuela Normal que fueron secuestrados.  

Ante tal hermetismo, algunos de los policías que custodiaban el lugar afirmaron: “Los quemaron vivos. Pusieron todos los cuerpos en la fosa, les echaron diesel y les prendieron fuego”. Por esa razón los forenses sólo pudieron llevarse sólo algunos huesos a la morgue de Chilpancingo, capital del estado de Guerrero, para proceder a la identificación que se tendrá que hacer por ADN.

El hallazgo de dichas fosas pone sobre la mesa muchas preguntas y para calmar los ánimos, el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, pidió tranquilidad a la población. Después de emitir dicha declaración su casa fue apedreada. 

Esta noticia ha conmovido a la comunidad internacional y la Organización de las Naciones Unidas afirmó que “la extrema gravedad de los hechos, ligada a la desaparición de tantas personas, coloca lo acontecido entre los sucesos más terribles de los tiempos recientes”.

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