Columna de Nicolás Copano: El fin del honestismo

Voy buscando en taxi (para llegar a la hora a mi trabajo, entre los paros) el séptimo cajero de Providencia a Macul para encontrar plata. Para entretenerme, en la pantalla del celular leo que la banca chilena acumula ganancias por 2.710 millones de dólares entre enero y agosto. “Ojalá se animen con esos números a poner un poquito de plata en los automáticos”, pienso, mientras las caras de culo se mantienen en los paraderos, esperando micro. No me puedo enojar. Debo mantener la calma. Ando en taxi, debería darme con una piedra en el pecho. Así que me quedo callado mirando a mis amigos, compañeros de trabajo, padres y vecinos en fila intentando meterse a la lata de sardinas que es el Transantiago

“Chile está raro, está mala onda”, me dice un compañero de trabajo que me presta cinco lucas para el techo amarillo. Y es cierto. Lo que antes nos pareció divertido, ya no lo es tanto. Ponte a pensar un poco en el caso Penta. Ponte a ver las declaraciones de la UDI. Ponte a mirar cacarear a los amigos de “Checho” Hirane reclamando “persecusión política” con el tema de sus impuestos. Ponte a pensar que parece que a nadie ya le importa parecer un poquito decente. Como dijo Giorgio Jackson: “Si es problema de muchos, que caigan todos”. Kast va y le pega sobre el Arcis, y trata de derivarla y como que debería tener razón. Pero no: ya no funciona el “honestismo”. Ya no funciona desde esa esquina la denuncia de malas praxis después de todo esto. No le funciona ni a Velasco que se demoro muchos días en una respuesta, lo cual levanta muchas dudas, innecesarias. Es como una decepción grupal: están los reyes desnudos. Y nos lo dicen en la cara.

Es tan inmoral todo. Todo tan carente de respeto por los electores, por la gente, que se está dando la peor caricatura: todos parecen protectores de intereses, recibiendo miguitas. Obviamente la gente común y corriente frente a esas cifras, recibe partículas. Por eso está todo teñido de asco. Ya no le podemos creer ni a los anuncios de crisis. Todo está rodeado de sospecha, de intereses. De un relato inconexo con la realidad, con los malls llenos de gente. Es como que vivimos en más países que nunca. Como que a partir de la explosión de esa bomba infame en el Metro, se acabó el humor y el 18 fue una tregua. Y hemos vuelto y nos hemos visto en medio de la explosión.

Muchas veces el sociólogo Alberto Mayol, cuestionado por los que tienen intereses (o se han transformado en sus guardias) fue mal mirado con su “derrumbe del modelo”. Y creo que finalmente tenía razón: el modelo se basaba en la confianza. En la lógica de que las instituciones funcionaban y podíamos campear olímpicamente lo sucio de la realidad. Ya no: las noticias nos rodean y si el noticiero sólo ofrece videos de Youtube igual sabes las cosas. Siempre hay una forma de enterarse. Y si nadie se da el tiempo de explicarte el caso Penta, Google y ya.

Por eso, quizás para lo que tenemos que estar mas preparados en Chile es para dejar el individualismo y pasar a pensar el colectivo. Pero eso es un desafio tan grande, que nos obliga a sacar de nuestra lista de contactos a quienes se han transformado en cómplices del miedo. En sacarlos de nuestra lógica, en finalmente cortar ese vínculo, esa mirada dependiente.

Nos tenemos que ir de la mesa porque hemos sido relativistas y hemos empujado a esto. Es nuestra culpa también. Y no tiene que ver con la consecuencia, o todos esos adjetivos que nos tratan de emparentar con la lógica militar del orden. No. Tiene que ver con nuestros valores. Con que creemos. Con que deseamos mas allá de comprar.

Me da pena pensar en un Chile asi, es como que nos han condenado a ser algo dependiendo de donde vivimos y que todo está cruzado por la plata. Como que nuestras causas están perdidas si no están levantadas por el oportunismo.

Para lo que nos sirve todo esto es para pensar en la colaboración.

Aprovecho entonces, luego de tanto pesimismo de invitarlos a pensar en eso y ser parte del cambio. Necesitamos activismo. Necesitamos donar nuestro tiempo a lo que creemos, desde lo que somos. Desde nuestras profesiones o posiciones. Este 11 de octubre hay una feria de ONGs llamada Populusaurio en Quinta Normal. Vayan. Infórmense. Es gratis. Lleven su idea. Aprendan. No se queden sentados en el sofa esperando que nuestros políticos solucionen las cosas, porque la mayoría está comprometida con los que tienen que pagarles el favor de la campañita.
No podemos ser tan poco elegantes como ellos.

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