Madre reconoce en formalización que mató a su hija a causa de un rito en Machalí

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El ambiente en la sala de formalizaciones del Juzgado de Garantía de Rancagua no dejaba indeferente a nadie. Pues en medio de la formulación de los cargos, Silvia Andrade reconoció al Magistrado, llorando, que había asesinado a su hija Dayana de 7 años a causa de un rito de sanación. Según el Servicio Médico Legal, la niña tenía marcas de asfixia por ahogo y quemaduras en diferentes partes del cuerpo.

Silvia está siendo formalizada por la figura de parricidio y entre los encuasados se encuentran también el padre de la menor, Víctor Escobar; la hermana, Daniela Escobar; y la pareja de esta última, Javier Rivas. El Ministerio Público pide prisión preventiva para los cuatro y no descarta iniciar una investigación para determinar la participación de Raúl Palominos, pastor evangélico que según el relato de uno de los imputados, había sido fundamental para que la madre de la infante tomara la fatal decisión de practicarle una especie de exorcismo.

Detalles del caso

Según el relato de la investigación, todo habría comenzado cuando Silvia, la madre, y Daniela, la hermana de la fallecida, se convencieron que la pequeña había sido poseída por el demonio. Lo creían tan firmemente que incluso sintieron miedo. Pero ya no había vuelta atrás: ambas habían decidido realizar una curación a su alma y así evitar que el diablo siguiera poseyendo el cuerpo de la niña de 7 años.

Sin vacilaciones, llenaron la tina de agua para sumergerla ahí, quizás como una forma de imitar el bautismo evangélico. Entonces la madre inició una oración mientras sumergía a su retoña, Dayana. Su otra hija, Daniela, miraba. Estaban en eso cuando notaron que algo salió mal. De pronto la pequeña dejó de respirar y, por supuesto, de reaccionar.

Justo en ese momento sintieron que la puerta de la casa se abría. Era Víctor Escobar, padre de la pequeña, quien llegaba a su hogar. Ante lo raro de la situación, el hombre se dirigió al baño y no pudo creer lo que sus ojos veían. “Mi esposa le estaba echando aguita en la cara y mi hija la estaba sujetando. Pero yo la veía y no tenía firmeza en el cuerpo”, le relató a la jueza.

“Le toqué la pierna, le toqué la cara y le toque el cuello, pero lo tenía helado”, dijo entre lágrimas el padre en el proceso. “Entonces le dije al Javier que tomara una frazada y que la lleváramos a la cama”, relató ante el Magistrado.

La pequeña quedó tendida y para hacerla reaccionar, Javier Rivas encendió el secador de pelo. Le tiraron aire tibio, pero nada. El cuerpo de Dayana yacía mojado, helado. Estaba muerta. Pero ellos no lo sabían del todo, entonces no les importó incluso llegar a quemar parte del cuerpo de la chica, pensando que así podrían obtener algún gesto de ella. Todo intento fue en vano.

Víctor Escobar aún tenía la ropa mojada. Buscó entonces algo para cambiarse. Su idea era ir a la comisaría a avisar del fallecimiento. Pero no pudo lograr este objetivo. Comenzó una discusión con su esposa, Silvia Andrade, quien desató gritos tan fuertes que ninguno de los vecinos del sector El Cajón, en Machalí, quedó indiferente. Fueron ellos quienes llamaron a Carabineros. El resto, ya es historia conocida.

En la formalización, el padre sugirió un dato que el fiscal Camilo Umaña ya tenía como línea de trabajo: la importante influencia que tuvo Raúl Palomino en Silvia. Consultado por los medios, este negó alguna relación, aunque el Ministerio Público aún no descarta su participación en el rito fatal.

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