Comer está caro: IPC de los alimentos acumula alza de 6,4% en 2014

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Pablo Contreras Pérez

 

Seguramente lo ha notado cada vez que va a la feria o al supermercado. Y no se trata del típico dicho “la plata no alcanza”, porque en los hechos, es verdad, por lo menos en los precios de los alimentos.

 

A principios de mes, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) nos sorprendió con la variación que tuvo el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en septiembre: 0,8%. Y pese a que es cierto que en este mes el nivel de la inflación es algo más elevado que en el resto del año, la subida es mayor si se compara con el mismo periodo pero de 2013 (0,5%).

 

Los economistas hacen notar además que durante septiembre de este año, el factor dólar fue clave, ya que este llegó a máximos que no registraba en cinco años.

 

Sin embargo, hay un indicador que perjudica particularmente al sector de la población con menos recursos, y que se refiere al valor de los alimentos.

 

Según la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) que el INE realizó en 2007, el 20% de los hogares más pobres destinan el 37,4% de sus ingresos en el gasto de alimentos y bebidas, ítem que en el IPC de septiembre anotó el mayor incremento con 2,1%, frente al 0,4% registrado en el mismo mes pero de 2013.

 

De hecho, durante el mes de la patria el símbolo de este fenómeno fue el tomate, cuyo valor tuvo un alza del 32,6%, la mayor variación dentro del indicador.

 

En ese sentido, en el acumulado del año, mientras la inflación general suma un alza del 4,0% entre enero y septiembre, en el mismo lapso el incremento en el valor de los alimentos suma un 6,4%, mientras que en 12 meses, las cifras son 4,9% y 8,3%, respectivamente.

 

 

Precios se mantendrían al alza

 

Son varios los factores que explican estas cifras, entre los que se cuenta el valor internacional de los alimentos y el dólar, según explica Mario Valenzuela, vicedecano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad San Sebastián.

 

“Las mayores alzas, tanto mensuales como a 12 meses, se vinculan a los sectores de alimentos y energía, ambos condicionados por factores de tipo estructural y externos, en donde la apreciación cambiaria (valor del dólar) es uno de los elementos que ha jugado un rol muy relevante“, asegura.

 

Además enfatiza que las sequías y la escasez de lluvias han afectado la oferta de frutas y verduras frescas.

 

Para el académico resultan preocupantes estas cifras, ya que destaca que, “en una familia de bajos ingresos la participación de los alimentos puede rondar fácilmente en torno al 70% u 80% del presupuesto total”, más de lo que considera el propio INE.

 

¿Se puede hacer algo para contrarrestar esta situación? “Lamentablemente no existen muchas medidas económicas”, subraya Valenzuela, aunque estima que mejorando los canales de distribución para el transporte y comercialización de estos productos, junto con el fomentar la importación para garantizar mayores niveles de competitividad, pueden contribuir.

 

Las perspectivas a futuro eso sí no son muy optimistas, mientras se mantengan las condiciones internas, como la bandas de precios para los granos importados, y el alza del dólar, y las externas, como el aumento del costo internacional de los alimentos. “Es difícil esperar un cambio en la velocidad de incremento de estos precios”, apunta el académico.

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